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Nos vamos a divertir
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Nos vamos a divertir

sábado 25 de enero de 2020, 19:38h
Cada día tenemos nuevas perlas, entrevistas y declaraciones de políticos que cuando superamos nuestra sorpresa, solo cabe ironía, risas y, previsiblemente, algunos lamentos.

Estaba encima de la mesa la entrevista en El País a Oriol Junqueras, nuestro marino parecía algo inquieto, por lo que, mientras sorbíamos de nuestro café, estábamos expectantes a sus observaciones:

—Parece que no había «ensoñación», tal como dijeron los consensuados jueces del Tribunal Supremo en su sentencia al Procés, era toda una declaración de independencia lo que pretendían. Además, parece que el delincuente violador Oriol Junqueras —violador de la ley—, con toda la parsimonia y grosería de la que es capaz, dice que va a volver a delinquir. Me pregunto, si a un violador, a un pedófilo, a un delincuente en prisión alega que va a volver a reincidir ¿se les darían permisos carcelarios? Estas son las contradicciones de la política y la justicia que estamos viviendo.

La profesora le opone:

—Tal como ha dicho un relevante político socialista andaluz, al parecer preocupado porque no ha asimilado que lo han apedado del poder, todo lo que se dice le parecen burradas, y mi querido marino, esto también me lo parece.

La risa mefistofélica de nuestro marino no se hizo esperar:

—¿Burradas? Burradas son unas declaraciones tan aviesas y burdas que desmontan todo lo que han dicho los jueces sobre la «ensoñación» y que deberían causar rubor en el hemiciclo y en el consejo de ministros, conseja de ministras o conseje de ministres —para que no me acuses de lenguaje no inclusivo—. Burrada es la persistencia de la vicepresidenta Calvo, Calva o Calve, empecinada en que, a pesar del dictamen de la Real Academia de la Lengua, por bemoles hay que modificar lingüísticamente la Constitución.

Continuó el marino:

—¿Burradas? Serán las de la ministra Celaá, esa que abomina de la escuela privada, cuando ella estudió en una, impartió clases en la privada y ha llevado a sus hijos a estudiar en colegios privadas, a los que farisaicamente despotrica. Creo en la escuela pública, pero hay que ser coherentes, y en su caso la burrada ha sido declarar que los hijos no pertenecen a los padres y que educar a los hijos conforme a las creencias de la familia es accesorio. Pensaba que era un derecho constitucional y universal. Desde épocas convulsas y dictatoriales del siglo pasado no había escuchado a nadie que se atreviera a decir algo así en un país democrático y desarrollado. Además, una propuesta innecesaria y equivocada de Vox ha hecho por esas declaraciones que cualquier padre se haya puesto en guardia. Eso si es una burrada.

Medió la profesora:

—Considero que estás siendo muy maximalista.

Risas del marino.

—Todo esto no dejaría de ser ruido, fuegos de artificio, sino fuera porque hemos constituido un consejo de ministros con clara vocación de adoctrinamiento y de crear un «orden nuevo» en el que vamos a ser excluidos todos los que discrepemos de ciertos conceptos e ideas, porque lo mejor, llevado al extremo, se convierte en algo indeseable.

—¿Burradas? —siguió el marino— cuando tenemos un consejo de ministros apoyado, y con la espada de Damocles encima, por aquellos que pretenden sacar tajada económica en detrimento de la convergencia y agrandando las diferencias con otras zonas, por aquellos que amenazan que se favorece la independencia o no aprobarán los presupuestos… Lo podemos disfrazar como quieras, pero para mí, ¡Esto si son burradas!

La joven profesora parecía no haberse quedado conforme con algún tema, por lo que preguntó:

—No me ha quedado claro ese concepto de un «orden nuevo».

—Resulta sencillo, querida amiga, cuando se lleva a las más altas instancias a personajes estrafalarios como la ministra Irene Montero, sin más mérito que ser cajera de un super y compañera sentimental de la señora Pablo Iglesias —por lo del lenguaje inclusivo y al partido que pertenece, aunque sea un macho alfa— o como directora general del Instituto de la Mujer a un personaje como Beatriz Gimeno, de profesión sus penetraciones, no puedes más que quedarte pasmado y pensar que son eso, esos si son burradas. ¡Estas son las verdaderas burradas!

—Sigues sin explicarme el «orden nuevo» —le requiere la profesora—

El marino se ríe:

—¿Te parece poco cambiar el código penal para contentar a los independentistas? Parece que ahora toca «contextualizar». ¿No te parece esto una burrada?

—Estamos viviendo en ese «orden nuevo» —añade el marino— en el que la verdad no es necesaria, en que lo que dijimos hace dos meses, ahora aceptamos y preconizamos lo contrario, y, sobre todo, en ese intento de hacernos ver que tenemos que aceptar todo aquello que nos vendan como «progresista» y en ello incluimos cosas que todos creemos que se deben respetar, pero no para hacer de ello una religión y una secta. Estos demagogos nos venden una falsa progresía y su «nuevo orden», solo nos falta que nos propongan el Übermensch de Nietzsche en plan progresista.

Parecía que la profesora no iba a conseguir acallar al marino, por lo que señalando al mar solo exclamó:

—¿No te parece que en la aldea tenemos un día maravilloso?

A lo mejor lo importante es eso, la aldea y el mar.

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