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Jorge Molina Sanz

Ha empezado el baile. Tenemos resultados electorales, tenemos preacuerdo y ya estamos en la compraventa de votos. Se ha abierto el mercadillo para formar gobierno.

Estamos en la recta final de la campaña, por si no se habían enterado.

Tomemos una pequeña distancia con los temas candentes políticos de la actualidad y una pequeña reflexión sobre nuestra posición ante los mercados.

El congreso del PP del País Vasco ha vuelto a poner en primer plano la crisis de identidad que vive la derecha española.

Esta mañana al llegar al café vi que mis amigos ya estaban enzarzados en comentarios sobre la actualidad. Se habían parado ante una noticia sobre una violación en manada por un grupo de jóvenes de escasa edad.

Esta mañana vi que mis amigos estaban risueños, divertidos y con aspecto de tener algún kilo añadido en la zona del abdomen y ya totalmente recuperados de la resaca del año nuevo.

Esta mañana mi viejo marino me enseñó unos recortes que llevaba en sus manos. Lo miré con curiosidad y señalando los papeles me dijo…

Cuando llegué al café encontré a mi viejo marino leyendo el periódico. Me señaló una crónica y me comentó…

Algunos apuntes para reflexionar sobre el empleo ante las nuevas elecciones.

Lo de la sentencia y lo que está ocurriendo a raíz de esta aburre y preocupa, aunque podemos aventurar algunas reflexiones.

Las últimas sentencias de los tribunales contra la Agencia Tributaria ponen en cuestión el papel del Estado.

Vi que mi marino anda estos días desorientado y observa con atención las noticias sobre la irrupción de VOX, y la polvareda que han levantado sus propuestas.

Esta mañana asistimos a un día soleado con el mar en calma, no parece que el calendario señala que estamos ya en pleno invierno. Cuando llegamos a nuestro lugar de encuentro, nos estaba esperando nuestra amiga, la joven profesora, que ya había pedido nuestros cafés.

Ha habido elecciones en Andalucía, y sus resultados se han vivido como nacionales, al menos así lo ve mi viejo marino que ha aparecido esta mañana con todos los periódicos locales a tomar nuestro café.

Hoy mi viejo marino, lejos de su habitual talante, estaba triste, se le notaba molesto, algo mohíno y enfurecido. Al llegar sorbí mi café, le miré al rostro y le pregunté cuáles eran los motivos de su semblante.