www.horapunta.com
    22 de julio de 2018

BLOG > LA GUILLOTINA

Pues creo que Joaquín Torra, ese presidente nazi que sufrimos en la tierra de mi madre, debe tener razón. Los españoles tenemos una tara en el ADN que nos hace diferentes.
“¿Que no hay infierno? Sí, hay... (Cállate, corazón, que esto bien por desgracia, lo sabemos tú y yo.)”, Rubén Darío.
Dicen que fue el entonces Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, quien a comienzos de siglo acuñó esa frase de que las negociaciones debían realizarse “con luz y taquígrafos”, para que se conociera qué se cedía y a cambio de qué.
Uno de los crímenes periodísticos más repugnantes que he vivido tienen que ver con Cristina Fallarás, que ahora la incluyen en la lista de consejeros de RTVE, a comienzos del dos mil.
Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de ese nazi conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra.
Desde Nicolás Salmerón, que fue presidente de la República en un breve periodo de un mes en 1873, creo que no habíamos tenido el honor de que un almeriense fuera miembro del Consejo de Ministros de España, salvo el vizconde José Barrionuevo, como ministro de Interior del primer gobierno de Felipe González.
Llevamos muchos años sufriendo de la dejación de Marruecos en la vigilancia de sus fronteras, sobre todo cuando su rey se molesta o cuando intuye que España atraviesa un periodo de debilidad.
De todo hay un antes y un después. De todo. Y tras el paso al club de la casta por parte de la pareja Pablo Iglesias y su manceba, con chalé frente a Torrelodones, piscina de diseño, casita para invitados, y demás exquisiteces propias de ricos, no de trabajadores, se desmorona el partido político que prometió el cielo y ha resultado ser como todos. Y si no ha acariciado la corrupción, aún, es porque no ha gobernado ocho años seguidos.
Estamos tontos. Sí, somos tontos del bote. Y somos tontos todos los días porque entusiasmados con todo lo que nos ofrecen, gratis, Google, Facebook, Whatsapp, y otros muchos, se han creado unas bases de datos donde la privacidad se ha ido al carajo.
Recuerdo que Xabier Arzalluz, siendo el máximo responsable del PNV, minimizaba los actos vandálicos de la Kale Borroka llamándoles “los chicos de la gasolina”. Vamos, que los muchachos sólo quemaban cajeros automáticos y autobuses. Pobrecitos, sólo se trataba de una travesura.
0,48046875