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    17 de diciembre de 2018

BLOG > LA GUILLOTINA

Es lo del refrán, que en boca cerrada no entran moscas. El problema es que entre copa y copa es muy difícil mantener la boca cerrada.
En Moncloa están encantados con el affaire en torno a la ministra de justicia, Lola Delgado, a la que tienen orden de arropar todo lo posible, ya que, como dice el refrán, la mancha de mora con otra verde se quita.
La noticia de un supuesto plagio en el libro publicado por el presidente Sánchez y Carlos Ocaña, basado en la tesis doctoral, en la portada del diario El País, y reproducido ese mismo día por eldiario.es, ha sido un jarro de agua fría y un aviso de que la crisis no ha cesado.
Me cuenta un pajarito que Pablo Iglesias y sus secuaces andan partidos de la risa. No se pueden creer la suerte que han tenido con el cambio de foco en la prensa española.
Como el video doméstico que se hizo famoso hace años, “la que has liado pajarito”. Ayer escuchamos cómo un presidente de gobierno mentía en sede parlamentaria al informar que en TESEO estaba colgada su tesis doctoral, cuando en realidad sólo estaba disponible la ficha.
La que se les viene encima a muchos políticos, que son los que cobran de nuestros impuestos, ni se lo pueden imaginar. Internet, que fue una bendición para consultar y agilizar las búsquedas, va a provocar más de un infarto.
No era famoso. No era ambicioso. No era creído ni egoísta. Cuando lo necesitabas, allí estaba, como un ángel de la guarda, llenándote la piscina, la balsa, o ayudándote en las labores de la finca. El pasado sábado se le despidió en la iglesia parroquial de Pechina.
Pues creo que Joaquín Torra, ese presidente nazi que sufrimos en la tierra de mi madre, debe tener razón. Los españoles tenemos una tara en el ADN que nos hace diferentes.
“¿Que no hay infierno? Sí, hay... (Cállate, corazón, que esto bien por desgracia, lo sabemos tú y yo.)”, Rubén Darío.
Dicen que fue el entonces Presidente del Consejo de Ministros, Antonio Maura, quien a comienzos de siglo acuñó esa frase de que las negociaciones debían realizarse “con luz y taquígrafos”, para que se conociera qué se cedía y a cambio de qué.
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