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    30 de septiembre de 2020

BLOG > LA GUILLOTINA

Llevamos muchos años sufriendo de la dejación de Marruecos en la vigilancia de sus fronteras, sobre todo cuando su rey se molesta o cuando intuye que España atraviesa un periodo de debilidad.
De todo hay un antes y un después. De todo. Y tras el paso al club de la casta por parte de la pareja Pablo Iglesias y su manceba, con chalé frente a Torrelodones, piscina de diseño, casita para invitados, y demás exquisiteces propias de ricos, no de trabajadores, se desmorona el partido político que prometió el cielo y ha resultado ser como todos. Y si no ha acariciado la corrupción, aún, es porque no ha gobernado ocho años seguidos.
Estamos tontos. Sí, somos tontos del bote. Y somos tontos todos los días porque entusiasmados con todo lo que nos ofrecen, gratis, Google, Facebook, Whatsapp, y otros muchos, se han creado unas bases de datos donde la privacidad se ha ido al carajo.
Recuerdo que Xabier Arzalluz, siendo el máximo responsable del PNV, minimizaba los actos vandálicos de la Kale Borroka llamándoles “los chicos de la gasolina”. Vamos, que los muchachos sólo quemaban cajeros automáticos y autobuses. Pobrecitos, sólo se trataba de una travesura.
Los que se resisten a secundar la locura nazionalista catalana, con “Z” de “nazis”, lo están pasando mal. Los jóvenes cachorros de Arran, rama juvenil de la CUP, imitando la kale borroka vasca, no paran de ejercitar la violencia contra las organizaciones, empresas y políticos que no se manifiestan a favor de la república.
Ha tenido que ser precisamente el comunista Paco Frutos quien haya señalado la contradicción de que las izquierdas catalanas estén poniendo la cara para que la burguesía del tres por ciento se convierta en estado independiente.
Hay quien sostiene que lo que ha sucedido estos meses en Cataluña ha sido una desgracia. El fracaso de un gobierno que en su momento no se atrevió a parar el independentismo y ahora lo tienen más crudo aún, ya que se prevén unos resultados secesionistas el próximo 21-D.
El recientemente fallecido ex presidente de Caja Madrid, suicidado o asesinado, según se lo crean los ingenuos lectores, fue durante años un personaje siniestro ocupado sólo a enriquecerse a costa de una entidad de ahorro que fue modélica.
Aunque el presidente Mariano Rajoy nos quiera convencer de que en Cataluña no llegarán a la secesión que llevan anunciándonos varios años, sin que el inquilino de la Moncloa tomara alguna medida para poner el freno, al final tendremos guerra. Por supuesto. Una guerra moderna, no una civil como en el 36, donde los bandos se mataban a plena luz del día.
Los que no pretendían gobernar, sino montar el circo en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, como siempre lo han hecho, los pasados martes 13 y miércoles 14 de junio, nos han dejado un mal sabor de boca.
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