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La conjura de los necios

Una campaña bronca, crispada y mendaz
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Una campaña bronca, crispada y mendaz

jueves 06 de mayo de 2021, 10:56h

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Hemos asistido a la campaña autonómica más sorprendente de nuestra, ya no tan joven, democracia y merece unas líneas.

Esta mañana nuestros amigos veían las noticias de los resultados de la autonomía de Madrid. Hemos visto una reyerta barriobajera, con exceso de golpes bajos que no han dejado indiferentes a nuestros amigos.

—Parece como si las elecciones autonómicas de Madrid —comenta nuestra joven profesora— hubieran despertado a la Hidra de Lerna, el monstruo mitológico griego, con forma de serpiente y múltiples cabezas. Más que unas elecciones autonómicas han parecido un plebiscito nacional y han mostrado lo más bajo y despreciable del juego político.

Nuestro marino prosigue:

—Desde el principio Pablo Iglesias sacó la artillería pesada, con insultos y amenazas que no han cesado hasta el final. Aquel personaje que se presentó en las anteriores elecciones generales con el libro de la Constitución y un tono que parecía un vendedor de biblias; en estas ha dado un salto mortal que no le ha salido especialmente bien, pero ha embarrado el terreno de juego y mostrado lo peor de un dirigente político.

Se han repartido títulos de demócratas y fascistas, de reaccionarios antidemócratas y paladines progresistas de la democracia. Mientras se han boicoteado mítines, ocultando el ministro de Interior, Pequeño-Marlaska, que los detenidos eran del círculo cercano de Pablo iglesias. Amenazas de muerte en sobres con balas y navajas, poco aclaradas y que han demostrado un deficiente mecanismo de seguridad; amenazas que se le han dado una gran amplificación mediática, cuando los protocolos de los expertos para estos temas es justo el contrario al que han utilizado. Todo muy poco edificante y que nos ha mostrado que estamos ante la peor generación de políticos de nuestro recorrido democrático, lo que nos debería llevar a la reflexión de todos los partidos para analizar qué están haciendo mal.

Mientras se declaraba que tiene que haber lealtad y que lo primero es la pandemia, no han parado las provocaciones, insultos y amenazas. No se podía haber creado un escenario más arrabalero y despreciable.

Pablo Iglesias ha conseguido estar en el centro de la campaña, primero en la precampaña con su dimisión como vicepresidente segundo del gobierno para encabezar la lista de su partido, segundo por haber enrarecido el tránsito electoral y, ante los resultados, su anuncio inesperado, aunque anunciado por algunos, su abandono de la política.

Algunos piensan que, para la democracia, es bueno que ese personaje estrafalario que lo único que ha aportado en su trayectoria es crispación —aunque se empeñe en acusar a sus adversarios de lo mismo—, discursos y propuestas demagógicas y un rastro de incapacidad manifiesta para gestionar y un escaso gusto por el trabajo, salvo enredar y radicalizar.

Nuestra profesora continua:

—Eres muy cruel cuando minusvaloras la capacidad de gestión de Pablo Iglesias, porque ha demostrado una espléndida habilidad para su enriquecimiento personal, en un corto periodo de tiempo, porque según ha declarado, ha conseguido levantar un patrimonio envidiable, tanto él como su pareja. Esperemos que la Agencia Tributaria sea tan diligente como lo es habitualmente con el resto de los contribuyentes, aunque esos mecanismos de independencia e imparcialidad desde hace ya muchos años vemos como han desaparecido.

—Sigamos con las elecciones madrileñas —dice el marino—, el PSOE, con independencia de los resultados no podría haber presentado un candidato peor. Es cierto que, a pesar de las estrategias de los asesores, no se puede pretender que un candidato pretenda fingir unas características que no le son propias, pero un partido de la trayectoria y experiencia de tantos años tendría que haber apartado a un candidato que no da los mínimos. Con independencia de los resultados. Los votantes, los madrileños se merecen que le gobiernen gente de otro estilo, que le presidan otras cualidades, porque hasta las intelectuales que parecían ser su marchamo han resultado un fiasco

Aunque no debemos concluir aquí, porque otro de los grandes desengaños de la campaña ha sido el enloquecido candidato de Ciudadanos, un Edmundo Bal que, después de una trayectoria profesional en la abogacía del Estado impecable, ha resultado un saltimbanqui, inconexo y ha patentizado la decadencia de un partido que fue una esperanza, ya no solo frustrada, sino que tiene difícil recuperación y ya está resultando inútil para la democracia.

Retoma la conversación nuestra amiga.

—En esta ecuación no podemos olvidar el papel de Vox que parece que todavía parece un partido extraparlamentario. Haría bien, si dice acatar la Constitución y se presenta a unas elecciones autonómicas, explicar cómo se casa eso con sus proclamas de acabar con las autonomías. Por el bien de la democracia y del país debe posicionarse y aclar sus contradicciones. Si persiste en esa estrategia sólo les votarán radicales, nostálgicos y zumbados.

—Nos quedan muchos matices y recovecos, no hemos hablado de los ganadores de las elecciones Mas Madrid y especialmente el PP —remata el marino—, pero este tema no está acabado y seguro que tendremos ocasión en seguir comentándolo en nuestros cafés. Parece que la política está empeñada en que nos sigamos divirtiendo con la actualidad política y no nos falten temas.

Se levantan de la mesa con ganas de seguir comentando, pero el sol primaveral invita a dar un largo paseo, dar paso a las cosas importantes y olvidar las anecdóticas.

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