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El estado del estado (XXXIII): Cruce del abismo (4)
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El estado del estado (XXXIII): Cruce del abismo (4)

jueves 20 de agosto de 2020, 22:18h

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Un abismo que creíamos que ya estaba totalmente superado porque lo hemos cruzado muchas veces en ambas direcciones es el del Nacionalismo. El estudio que tienen que llevar a cabo Yony le obliga a ser extremadamente cuidadoso porque la línea intermedia es muy frágil y puede resultar muy fácil confundir al lector. Y más si este lo hace de buena fe y con intención de entender de verdad, y superar de una vez por todas, este antiguo y profundo abismo en las relaciones humanas entre grupos.

Ya sabemos que el Nacionalismo nace en el sentimiento imprescindible de los seres humanos de ser un animal de grupo y su necesidad de sostenerse sobre un territorio que le proporcione las primeras necesidades humanas de su biología y su psicología, su Seguridad, su Alimentación y sus necesidades Afectivas y de Reproducción. Las cuales han sido creadas a lo largo de millones de años de construcción del ADN de la especie, y están entroncadas en lo más profundo de nuestra estructura conductual.

Luego la defensa del grupo y el territorio es inherente a nosotros y nunca debemos, ni podremos, abandonar esta motivación intrínseca. El inicio del cruce del abismo consiste en convertirnos en seres racionales, que usan conocimientos, y, más allá de nuestros sentimientos y motivaciones instintivas, que debemos conservarlas porque somos nosotros mismos, utilizar esas verdades objetivas para avanzar más allá y poder relacionarnos y convivir con los demás individuos y, mejor aún, con los demás grupos. Dichos conocimientos demostrados e incuestionables son los siguientes: Que, si nosotros defendemos a nuestro territorio, los demás sentirán lo mismo por el suyo. Que, si nosotros defendemos nuestra cultura en general, el otro también defenderá con el mismo ardor la suya, luego debemos entender y empatizar con los pertenecientes a otras naciones o costumbres.

Que los individuos nacemos en un grupo, pero por distintos motivos, que puede que relacionarlos aquí se nos haga imposible, sentimos deseos de visitar otras culturas, o nos trasladamos, o deseamos pertenecer a otro grupo. El mestizaje nace con la misma historia de los seres humanos. Además, dicho mestizaje sin violencia siempre ha traído única y exclusivamente mejoras. Esto es así porque los débiles nacidos del mestizaje han perecido y sólo han sobrevivido los que mejor se han adaptado a los nuevos tiempos, que, qué curioso, siempre han sido, a la larga, los que llevan mestizaje en sus venas.

Todo ello nos lleva a una conclusión incuestionable: Se deben defender las culturas, los territorios, las llamadas naciones o estados, pero si facilitamos con cierto orden y equilibrio el traspaso, el mestizaje, la mezcla, la unión de grupos pequeños para formar con instituciones serias otros más grandes, siempre se facilita.

Ya está sobre el terreno la demostración palpable. Las etnias, pueblos, reyezuelos, naciones y estados de Europa llevan más de dos mil años pegándose, y tratando de destruir al otro, aunque el mestizaje y los cambios poblacionales no se han parado nunca. Analicemos quienes somos los llamados españoles, los ingleses, y así cualquier nación o estado. Sin embargo, ahora, alcanzado un pacto y decidiendo libremente y con leyes e instituciones para todos, la convivencia y la organización en un solo grupo, todas esas naciones y estados ¿No tenemos una vida mejor en todos los niveles? ¿Hay una sola persona seria que diga que sería mejor repetir la primera, la segunda Guerra Mundial, ¿y cualquier otra del pasado? ¿Hay una sola cultura, civilización, idioma, religión, ideología, etnia, nación o estado que se haya mantenido siempre frente a los demás y no haya sucumbido al paso de la historia? ¿Entonces cómo puede haber un solo intelectual serio, y que él mismo no se sienta un payaso gracioso, que defienda algo de su idioma, cultura o territorio que crea que va a ser inmortal esa cultura o forma de pensar, y que pervivirá para siempre en esos mismos contenidos?

Cruzar el abismo del viejo, viejísimo nacionalismo, es darse cuenta que debemos defender nuestra cultura y nuestro territorio, pero como el de enfrente también quiere lo mismo, lo único que podemos hacer es llevar a cabo pactos, que se traduzcan en leyes por la cuales progresivamente nos vayamos integrando, y que, sin prisa, pero sin pausa, caminemos hacia la convivencia y el desarrollo mutuo. ¿O hay alguien que defienda que es mejor matar al vecino?

Claro que debemos defender nuestra nación y nuestra cultura, pero con un constante avance a convivir entre todos en una nueva cultura que nos englobe y nos permita desarrollarnos como lo que somos, una única Especie.

Sobre el autor

Carlos Gonzàlez-Teijòn es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, El Sistema, y de reciente aparición Psicología de virtudes y pecados, de editorial, Letras de autor.

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