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El mediador

Desde el mismo momento que despertó la conciencia humana su primer deseo fue intentar aplicar el mejor Orden posible al tremendo Kaos que tenía enfrente.

Mientras la humanidad, en su visión de especie, actuó con mirada y ensoñación infantil, lo hizo al amparo de sus dioses. El ser humano por sí mismo no podía conocer ni decidir nada…

Por tal entendemos la de aquella persona que se siente responsable de sus decisiones y trata de adoptar las mismas basándose en los mayores y mejores Conocimientos posibles.

Es la visión desde la mente de un niño a los cinco años de edad. En su cabeza solo existe ensoñación, exageración mágica de su entorno, y sentimiento gregario respecto a los que sean sus cuidadores.

Para los griegos Logos era la palabra. La palabra con la que se creaba el orden del mundo. Eso ha llevado a que los primeros escritos cristianos hayan llamado a ese Logos el Verbo, el Verbo era dios y se hizo Hombre, rezan nuestros escritos.

Ya hemos explicado en los artículos anteriores, a grandes rasgos, como funciona nuestro mundo. Como todo grupo social necesita un liderazgo, y los liderazgos que nos han traído hasta aquí se han agotado sin que quede ninguno válido, ahora necesitamos uno nuevo.

Ya se ha expresado claramente en el artículo dedicado a la visión adolescente que la humanidad, como Especie, en lo que se refiere a la evolución de su mente y forma de pensar y evaluar, corresponde a la de un adolescente medio. Quizá a lo que los técnicos denominan, un adolescente tardío. Esta termina a los veinticuatro años. Como grupo pensamos y actuamos como un joven de veinte a veintidós años lo haría.

Cuando ya estamos ante la mirada de un joven de ambos sexos, que siente deseos sexuales y aún no sabe cómo enfrentarse al nuevo mundo que se le presenta.

Son miles los libros escritos acerca de estas dos cuestiones. El Islam fue el primero, en el siglo X, en Bagdad, y el Cristianismo dos siglos y medio más tarde, ambos fracasaron en esta cuestión porque se rechazó la razón –palabra que elevó a lo más alto Tomás de Aquino en el París de 1.250- para permanecer el Mito.

Es cierto que ahora lo escribimos con letras latinas, Caos. Pero he querido mantener la posible escritura griega, en la que no cabe la C, y por eso le denomino, Kaos.