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El mediador

Se tiende a pensar a simple vista que son los conceptos de las religiones e ideologías los que mueven a los seres humanos, si profundizamos un poco más nos damos cuenta que lo que de verdad nos mueve son nuestros sentimientos y emociones.

¿Qué cómo termina una medicación? Siempre con el acta final. En esta se recogen los acuerdos o desacuerdos, o, en el supuesto que ambas partes necesiten más tiempo, o realizar consultas con expertos o con terceros, se puede aplazar el acto para unas fechas posteriores.

Todo lo que diferencia a una persona adulta de un niño son sus niveles de consciencia. Todo lo que diferencia a unas culturas, civilizaciones, o grupos sociales de los otros son sus niveles de conocimiento. Es decir, la cantidad de conocimientos reales contrastados de los que disponen. En ambos casos la diferencias entre unos y otros consiste en ser o no conscientes de una serie de leyes de la naturaleza de la que formamos parte.

Cuando se actúa como mediador, una de las primeras cosas que uno aprende, es que cada persona ve los asuntos desde el punto que los mira. Dicho más técnicamente, cada uno ve la vida desde la posición que ocupa.

Los argumentos que debemos utilizar para provocar la reflexión en los ciudadanos medios serán del tipo siguiente...

Ya llevamos varias sesiones con las partes, sabemos lo que quieren, y como. Hemos comprobado que actúan al margen de sus representados. Esto es así porque los intereses de las élites –en este caso- y los ciudadanos a los que representan, son contrapuestos. Lo que vamos a hacer es informar a los votantes en general para que conozcan que se está cociendo, y como lo cocinan sus representantes.

Supongo que desde que se despertó la llamada conciencia humana, todos los grupos sociales, con sus brujos y chamanes al frente -después los filósofos griegos- lo que han pretendido ha sido tratar de comprender el mundo que les rodeaba.

Ya sabemos que el Fondo de la mediación está en que manden unas élites políticas o las otras. Nuestro siguiente paso consiste en hablar con “Las partes”.

Una de las grandes ventajas que todo conflicto provoca es el de la unión. La unión de todos los pertenecientes a un grupo para hacerle frente al grupo o grupos contrarios.

Ya hemos escuchado a las partes. Ya les hemos hecho reflexionar sobre las posiciones iniciales. Ahora, y siempre actuando como mediadores, hemos de darles nuestra visión – procurando siempre que sea más objetiva e imparcial que la de ellos-.

Un día, y de forma aleatoria, mientras mi hija preadolescente me preguntaba acerca de cómo funcionaban las cosas, se me ocurrió sobre la marcha que la forma más sencilla, a la vez más completa de explicarle cómo es el mundo en el que vivimos, y del que irremisiblemente formamos parte, era decirle que se explicaba todo con el funcionamiento de la Mano de un Ser Humano.

Ya ha sido explicado en el primer artículo que la moral y la política por la que nos regimos mayoritariamente, hoy en día, sigue siendo mítica, críptica, e irracional.

En el Siglo VI a.C. un grupo de pensadores griegos a los que denominamos Presocráticos, nos legaron su afán por entender las leyes que regían el mundo que habitaban. Les llamaron leyes físicas y con ellas trataron de comprender las medidas de un triángulo o el área de un cuadrado.

Lo más claro que nos aparece en la nueva política defendida por Trump, y en clara línea asociado con el Brexit, Le pen, Orbán, etc., es la defensa a ultranza del viejo nacionalismo. Que porqué viejo, porque intelectualmente ya está superado. Ya conocemos lo mucho de bueno y lo funesto de malo que ha traído, y más parece de otra época anterior.