Las víctimas pactaban unas condiciones laborales con un supuesto empresario español, que asumía los gastos de su viaje, unos 1.700 euros, dinero que podrían devolver poco a poco cuando empezaran a trabajar.
Esta actividad delictiva afecta cada año, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a unos 2 millones y medio de personas, en su mayoría a mujeres y niñas en todo el mundo, negocio que mueve unos 7.000 millones de dólares.
También ha sido arrestado un hombre, que se hacía pasar por abuelo de la víctima, y que era el encargado de buscar clientes y de recaudar y entregar el dinero a las dos ascendientes de la niña.