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Comprender el mundo

Ya hemos explicado en los artículos anteriores, a grandes rasgos, como funciona nuestro mundo. Como todo grupo social necesita un liderazgo, y los liderazgos que nos han traído hasta aquí se han agotado sin que quede ninguno válido, ahora necesitamos uno nuevo.

Si ha quedado claro hasta la extenuación que cualquier objeto, ser vivo o situación no es más que un equilibrio momentáneo de fuerzas en contraposición, debemos adentrarnos en un tema ciertamente controvertido, La Fuerza. Y, además, hemos de intentar ser certeros, porque pueda dar lugar a muy desagradables equívocos.

Cuando analizamos las jerarquías, podemos entenderlo en dos sentidos muy amplios…

En los grupos animales podemos decir que los simples administrados son más difíciles de encuadrar porque casi todos los miembros de la manada tarde o temprano serán jerarquía o alcanzarán a ser élite.

En los grupos animales que estudiamos –Elefantes, Caballos, Renos, y más aún los insectos- comprobamos que el liderazgo se realiza con mecanismos de fuerza e imposición, y el lenguaje es todo él corporal.

Se tiende a pensar a simple vista que son los conceptos de las religiones e ideologías los que mueven a los seres humanos, si profundizamos un poco más nos damos cuenta que lo que de verdad nos mueve son nuestros sentimientos y emociones.

Un día, y de forma aleatoria, mientras mi hija preadolescente me preguntaba acerca de cómo funcionaban las cosas, se me ocurrió sobre la marcha que la forma más sencilla, a la vez más completa de explicarle cómo es el mundo en el que vivimos, y del que irremisiblemente formamos parte, era decirle que se explicaba todo con el funcionamiento de la Mano de un Ser Humano.

En el Siglo VI a.C. un grupo de pensadores griegos a los que denominamos Presocráticos, nos legaron su afán por entender las leyes que regían el mundo que habitaban. Les llamaron leyes físicas y con ellas trataron de comprender las medidas de un triángulo o el área de un cuadrado.

Al comenzar a explicar el mundo se dejó claro que todo lo existente no son más que equilibrios, y además con estas características: Relativos, Subjetivos y Circunstanciales.

Para comprender nuestro espacio tiempo es imprescindible que entendamos la dualidad: Frio-calor, noche-día, sístole-diástole, expansión-contracción…

Al analizar desde fuera con un estudio riguroso los animales de grupo, observamos en todos ellos que al lado del líder siempre existen varios machos o hembras –tal es el caso de las elefantas- que sustentan al grupo y ejercen un liderazgo claro sobre los demás.

Ya estamos tratando de comprender el mundo social desde una perspectiva similar a como estudiamos la agricultura, o a la que nos es más próxima, la medicina. Es decir, con criterios técnicos, con aplicación de conocimientos científicos que se manejan en todas las universidades del planeta.

Todo lo que diferencia a una persona adulta de un niño son sus niveles de consciencia. Todo lo que diferencia a unas culturas, civilizaciones, o grupos sociales de los otros son sus niveles de conocimiento. Es decir, la cantidad de conocimientos reales contrastados de los que disponen. En ambos casos la diferencias entre unos y otros consiste en ser o no conscientes de una serie de leyes de la naturaleza de la que formamos parte.

Ya ha sido explicado en el primer artículo que la moral y la política por la que nos regimos mayoritariamente, hoy en día, sigue siendo mítica, críptica, e irracional.

Supongo que desde que se despertó la llamada conciencia humana, todos los grupos sociales, con sus brujos y chamanes al frente -después los filósofos griegos- lo que han pretendido ha sido tratar de comprender el mundo que les rodeaba.