Una campaña de años y millones de dólares
Según The New York Times, Israel comenzó a invertir en Eurovisión de forma discreta en 2018, gastando más de 100.000 dólares en redes sociales. La victoria de Netta ese año convenció al Gobierno de que el certamen era una plataforma ideal para mejorar la imagen del país en Europa. El esfuerzo se multiplicó en 2024 (Malmö) y 2025 (Basilea), coincidiendo con la mayor presión internacional por la situación en Gaza.
- Gasto documentado: Al menos 1 millón de dólares en marketing. Solo en 2024 se invirtieron más de 800.000 dólares, parte procedente de la oficina de “hasbara” (propaganda exterior) de Netanyahu y del Ministerio de Exteriores.
- Métodos: Campañas en YouTube, Instagram y TikTok pidiendo votar hasta 20 veces por la representante israelí (Eden Golan en 2024 y Yuval Raphael en 2025). El propio Netanyahu publicó gráficos instando a la votación máxima. Embajadas, grupos pro-Israel y la diáspora coordinaron mensajes en varios idiomas.
Lo fácil que es inclinar la balanza: solo unos cientos de votos
El segundo artículo de la serie de The New York Times revela datos explosivos sobre el sistema de televoto. En España, por ejemplo, en la final de 2025, Yuval Raphael obtuvo el 33,34 % del televoto (47.570 votos), muy por delante de Ucrania (6,74 %, 9.620 votos). Con el antiguo límite de 20 votos por persona, bastaban unos pocos cientos de votantes coordinados para asegurar la victoria popular en ese país. Bajo el nuevo límite de 10 votos (aprobado tras la polémica), habrían bastado 963 personas.
Israel ganó el televoto en 2024 y 2025 a pesar de puntuaciones bajas de los jurados, lo que le permitió quedar segunda en ambas ediciones (Austria ganó en 2025). La UER siempre había asegurado que el sistema era robusto. Los datos demuestran lo contrario: el televoto es extremadamente susceptible a campañas organizadas.
La razón de España y los países que se marcharon
Esta investigación llega en un momento clave: justo cuando cinco países históricos —España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia— han anunciado su retirada de Eurovisión 2026 en Viena en protesta por la permanencia de Israel. RTVE ya había advertido que no participaría si Israel seguía en el certamen, y la decisión de la UER de no excluirlo (ni siquiera someterlo a votación) precipitó el boicot.
La investigación del Times da la razón a esas televisiones públicas. Demuestra que Israel no solo participaba: utilizaba el festival como herramienta diplomática y propagandística en plena guerra de Gaza. “El Gobierno israelí ha cooptado Eurovisión”, declaró el presidente de la radiotelevisión islandesa.
¿El fin de la neutralidad?
La UER ha respondido con cambios: límite de 10 votos por persona y advertencias explícitas contra campañas estatales. Pero los críticos, incluida la propia investigación del Times, apuntan que el daño ya está hecho. Eurovisión, durante décadas un espacio de música y unidad europea, se ha convertido en un campo de batalla geopolítica.
La investigación no acusa a Israel de fraude, sino de algo más sutil y efectivo: explotar las reglas hasta el límite para convertir un festival de canciones en un ejercicio de diplomacia pública. Y demuestra que España, Países Bajos, Irlanda, Islandia y Eslovenia no exageraban al considerar que la participación de Israel comprometía la integridad del certamen.