Estos grupos bancarios han acumulado 1.082.000 millones de euros en depósitos de sus clientes, según datos de la patronal AEB correspondientes al 30 de junio último, lo que supone un 62% más que a finales de 2007, cuando surgieron los primeros síntomas inequívocos de la crisis económica, que no les ha impedido seguir creciendo, al calor de la inconclusa reestructuración del sistema financiero.
Una de las consecuencias de dicha reestructuración ha sido el cambio de personalidad jurídica, cuando no la desaparición pura y dura, de buena parte de las cajas de ahorros, cuya credibilidad ha quedado seriamente comprometida durante el proceso.
Esa situación, agravada por los escándalos de las participaciones preferentes y las indemnizaciones millonarias, han hecho que miles de depositantes buscaran acomodo en la banca y, dentro de ella, en las entidades más grandes y presumiblemente más seguras.
La pérdida de confianza en las viejas cajas fue aprovechada por sus rivales de toda la vida prácticamente desde el primer momento, lanzando ofertas de remuneración del pasivo muy agresivas, dirigidas a quitarles clientela.
En paralelo, los principales grupos bancarios, no siempre con el mismo entusiasmo, se dedicaron a comprar algunos restos del naufragio o a evitar que se produjeran otros que habrían puesto al sector en una situación todavía más difícil de tal forma que todos los peces grandes han salido ganando con esta crisis económica.