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Auto último modelo: el Gran Hermano vigila

Auto último modelo: el Gran Hermano vigila
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(Foto: Cibeles IA)
Por Alejandro A. Tagliavini
viernes 05 de junio de 2026, 21:28h

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El Hermano Mayor o Gran Hermano es un personaje de la novela “1984” de George Orwell, es el ente que gobierna a Oceanía, a través del tiránico partido único, el Ingsoc. Nadie lo conoce, pero es omnipresente a través de telepantallas con fuerte propaganda y controlando todo.

Un artículo escrito por Steve Watson en Modernity.news, da cuenta de cómo el Estado de vigilancia ha encontrado su nueva frontera: el tablero de control de tu coche. Lo que antes era un símbolo de libertad e independencia estadounidense, los automóviles, se está transformando rápidamente en una jaula de alta tecnología que vigila cada uno de sus movimientos y puede anular sus decisiones a voluntad.

En una publicación compartida en X, los usuarios detallaron las múltiples quejas sobre el sistema mejorado de IA 'EyeSight' de Subaru, que está presente en los últimos modelos. Según los conductores, el sistema obtiene rápidas miradas más allá de sus intenciones de planificar su ruta, al mismo tiempo que los mandatos federales de la era Biden vigentes se preparan para hacer obligatorio este nivel de vigilancia en cada vehículo nuevo para 2027.

Llegan Incluso a captar una mirada momentánea para cambiar una canción o admirar el paisaje, y activa alertas constantes. Así, su nueva función de Asistencia de Parada de Emergencia con Selección Segura de Carril, puede detectar lo que llama un conductor que "no responde", y emitir alertas crecientes a través de sonidos y vibraciones en el volante, y luego hasta tomar el control total: frenar automáticamente, reducir la velocidad del vehículo, dirigirlo hacia el costado de la ruta y activar luces de emergencia.

Esto no es un truco opcional, sino que sería impuesto por el Estado. Se está implementando como tecnología estándar de "seguridad", pero los conductores lo llaman “una niñera electrónica dominante que trata a adultos competentes como niños”. Sirve como un escalofriante adelanto de hacia dónde se dirige toda la industria del automóvil bajo la presión gubernamental.

Este tipo de vigilancia intrusiva es precisamente la herramienta con la que soñaría un Estado policial para ejercer un control total sobre los movimientos personales. Si las autoridades logran una integración más profunda con estos sistemas, podrían decidir efectivamente cuándo, dónde y quién puede conducir.

El lanzamiento de Subaru es solo el último punto conflictivo en un impulso más amplio hacia la vigilancia vehicular que va mucho más allá de la seguridad básica. Un mandato federal, incluido en la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleos de 2021, exige que todos los vehículos de pasajeros nuevos vendidos en EE.UU. incluyan tecnología avanzada de prevención de la conducción bajo los efectos del alcohol o las drogas, a partir de los modelos de 2027.

Como se detalla en el reportaje del New York Post, esto significa cámaras y sensores infrarrojos que monitorizan constantemente los ojos, rostros, la posición de la cabeza y el comportamiento para detectar distracciones, somnolencia o deterioro, con el poder de impedir que el coche arranque o limitar su funcionamiento. Parece muy apropiado, pero implica una gran arbitrariedad si llega a manos de burócratas.

Los fabricantes ya están patentando y desplegando sistemas aún más agresivos, incluyendo escaneos biométricos que analizan todo, desde la forma de andar hasta el ritmo cardíaco pasando por escaneo facial con IA, lectura de labios y monitorización emocional. El problema es que los datos no permanecerán en el coche: podrían llegar a las aseguradoras para la puntuación de riesgos, la aplicación de la ley o algo peor, al conocimiento del “Gran Hermano”: como comprobaciones cruzadas de conductores con bases de datos policiales, antes incluso de permitir que el vehículo se mueva.

Y las autoridades ya están mostrando su interés por utilizar estas herramientas como arma para restricciones de viaje más amplias. En Massachusetts, los demócratas presentaron un proyecto de ley destinado a reducir los kilómetros recorridos por vehículos a nivel estatal para cumplir con los “objetivos climáticos”, impulsando políticas que los críticos consideran que equivalen a limitar la distancia que la gente puede conducir en sus propios coches, claramente, limitar su libertad.

Las agendas globalistas -normalmente propulsadas por estatistas de izquierdas- sobre el clima, el exceso de intervención del gran gobierno y la “cooperación” obligada entre empresas y Estado convergen para despojar los últimos vestigios de autonomía personal en las rutas. Lo que empieza como "características de seguridad" y "objetivos medioambientales" termina con el coche decidiendo la libertad personal, al punto de decidir quién puede salir del garaje.

Por cierto, no solo los estatistas de izquierdas intentan vigilar para controlar, los de derecha también. Por caso, el presidente de Argentina ha tenido reuniones con Peter Thiel, rodeado de polémica por la publicación de un manifiesto de su empresa de vigilancia Palantir que resume las ideas centrales del libro La república tecnológica.

Más allá del espionaje sobre todos los ciudadanos, allí se insta a recuperar el servicio militar obligatorio -una verdadera esclavitud “moderna”- y al desarrollo de armas con inteligencia artificial para los Estados, con tecnologías de aplicaciones críticas militares y de “seguridad nacional” para la “nueva era de disuasión construida sobre IA (que) está a punto de comenzar”.

“La única respuesta real es el rechazo: negarse a comprar estos vehículos vigilados…, y preservar el mercado de coches usados como el último refugio de la verdadera libertad de conducción”, concluye Steve Watson.

En fin, sea como sea, al final puedes quedarte tranquilo, la libertad y la actividad privada siempre -por eficientes- superarán a los ineficaces burócratas estatales. A pesar de la fama que le han hecho, lo cierto es que, hasta organismos de inteligencia como la CIA, el Mosad o el MSS chino son ineficientes hasta provocar hilaridad. En cambio, iniciativas privadas, como el Bitcoin, son imposibles de detener por parte de los gobiernos que vienen intentándolo, incluso, con la ayuda de sectores “privados” -los amigos del poder- como los oligopolios bancarios y financieros amparados por los Estados.

El desarrollo privado llega al punto de que The Economist publica un artículo donde muestra que La tecnología inteligente está haciendo de la guerra una elección más tonta. Mucho he escrito acerca de la inutilidad de la violencia, incluso en casos de “defensa propia y urgente”, no porque sea mi opinión, sino porque lo dice la ciencia, pocos lo creen, pero la tecnología lo está demostrando.

*Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

En X @alextagliavini

www.alejandrotagliavini.com
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