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Si quieres sentirte como un espeleólogo te mostramos las cuevas que tienes que visitar

Si quieres sentirte como un espeleólogo te mostramos las cuevas que tienes que visitar

martes 27 de julio de 2021, 14:08h

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Pozalagua (Vizcaya)

La cueva se descubrió casualmente el 28 de diciembre (día de los Santos Inocentes) de 1957 debido a los trabajos de la cantera próxima que extraía dolomía. La explosión de una carga de dinamita abrió un agujero en la pared de la montaña, dejando al descubierto un mundo subterráneo fascinante. Ese agujero es hoy en día la puerta por la que entrarás a la Cueva.

Después del gran hallazgo, modificaron el lado de extracción de mineral (al lado opuesto) para dañar lo menos posible las formaciones de la cavidad, pero entre los años 1975 y 1976, el Ayuntamiento de Karrantza tomó la decisión de cerrar la cantera para salvaguardar la cueva.

Tras un proceso de acondicionamiento, se abrió al público en 1991 para que todos pudiésemos admirar su belleza. Las cuevas están repletas de estalactitas y estalagmitas pero las más espectaculares e inusuales son las estalactitas excéntricas.

Valporquero (León)

A 1.309m de altitud, bajo el pueblo de Valporquero de Torío, el corazón de la montaña leonesa abre una inmensa boca por la que, acompañados de un cristalino arroyo, podemos descubrir ocultas e increíbles maravillas subterráneas.

Caminos, puentes, escaleras y multitud de focos nos acompañan durante más de 1km de recorrido, permitiéndonos admirar la gran obra de arte que la naturaleza ha ido modelando durante más de un millón de años.

Estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas de diferentes brillos y colores se suceden a lo largo de siete salas visitables.

Hace más de un millón de años, en el Pleistoceno de la era Cuaternaria, cuando el hombre iniciaba su andadura por la Tierra, las frías aguas del arroyo de Valporquero empezaron a colarse a través de los poros, fisuras y grietas de la roca caliza, disolviendo sus entrañas lenta y tenazmente, abriéndose el corazón de la montaña leonesa para descubrirnos las increíbles maravillas subterráneas.

Dimensiones inesperadas y volúmenes descomunales van abriendo un sendero repleto de luces y sombras, permitiéndonos admirar miles de formaciones calizas esculpidas por la mano caprichosa del tiempo, con sus formas, tamaño, brillos y colores diferentes que se suceden a lo largo de las siete salas visitables.

Una vista espectacular, que se hace más grandiosa si cabe en primavera y otoño, con el deshielo y las lluvias que llenan el arroyo de Valporquero, produciendo una ensordecedora sinfonía por el correr del agua dentro de las salas de la Cueva.

La Cueva de Valporquero abrió sus “puertas” al público en general en el año 1966, después de una ingente tarea de acondicionamiento e iluminación llevada a cabo por la Excelentísima Diputación de León.

Desde entonces, bajo la gestión de esta institución, y siempre acompañados de guías conocedores del medio, vienen ofreciendo a los visitantes la oportunidad de adentrarse en la profundidad de la montaña y disfrutar de un paisaje de estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas que a lo largo de miles de años el agua ha ido esculpiendo de una manera lenta pero constante hasta conformar el paisaje único que ofrece esta Catedral subterránea en el corazón de la montaña leonesa.

Gruta de las Maravillas (Aracena, Huelva)

La gruta está situada en pleno casco urbano de Aracena, al norte de la provincia de Huelva.

La gran extensión de sus lagos, la abundancia y variedad de formaciones, y la longitud de su desarrollo hacen de este complejo subterráneo un conjunto de gran belleza y vistosidad. Descubierta a finales del siglo XIX, fue en 1914 cuando se abre al público como la primera cueva turística de España.

Formaciones estalactíticas, estalagmitas, columnas, gours, coladas, pisolitos, excéntricas, cortinas...todo un mundo que la persistencia del agua, la piedra y el tiempo han ido conformando para que la imaginación humana, pueda sentir la dimensión exacta de la naturaleza.

Diseminadas a lo largo de un recorrido circular, con galerías que se sobreponen en 3 niveles de alturas diferentes, arrulladas por el silencio que el agua de sus lagos es capaz de proponer, por el soniquete mágico que el perseverante goteo desde las alturas marca como un compás del tempo geológico de la tierra, las sorpresas se presentan a sus visitantes.

Cuevas del Cerro del Águila (Valle del Tiétar, Ávila)

Las cuevas del Águila están situadas en Ramacastañas, a 9 km de Arenas de San Pedro, en el valle del Tiétar, al sur de la provincia de Ávila, comunidad autónoma de Castilla y León, España bajo el cerro de Romperropas en la Sierra del Águila.

Su descubrimiento se produjo accidentalmente en la tarde del 24 de diciembre de 1963 cuando cinco chavales que merodeaban por el Cerro de Romperropas o Cerro del Águila, se sorprendieron al observar que salía vapor por un agujero. El vapor de agua se producía por la diferencia de temperatura en el interior, unos 17ºC, y el frío del exterior.

Con la ayuda de cuerdas y linternas los chicos se aventuraron a entrar por lo que parecía una gatera de apenas 60 cm de diámetro. Descendieron durante un rato y recorrieron unos 50 o 60 metros gateando hasta llegar a la gran bóveda principal. Después, estuvieron perdidos en el interior de las cuevas durante casi cinco horas, hasta que lograron encontrar de nuevo el agujero por donde habían entrado.

Dieron la noticia del gran acontecimiento a las autoridades, dueños de la finca, expertos, etc. Tras duros trabajos de acondicionamiento y desde el 18 de julio de 1964 las Cuevas del Águila están abiertas al público todos los días del año.

Altamira (Cantabria)

A la cueva de Altamira le corresponde el privilegio de ser el primer lugar en el mundo en el que se identificó la existencia del Arte Rupestre del Paleolítico superior. Altamira fue también un descubrimiento singular por la calidad, la magnífica conservación y la frescura de sus pigmentos. Su reconocimiento se postergó un cuarto de siglo, en una época en la que resultaba de difícil comprensión para una sociedad, la del siglo XIX, inmersa en rígidos postulados científicos.

La cavidad fue descubierta por un lugareño, Modesto Cubillas, hacia el año 1868. Acompañado por Cubillas, Marcelino Sanz de Sautuola visitó por primera vez la cueva en 1875 y reconoció algunas líneas que entonces no consideró obra humana.

En la Exposición Universal de París conoció de primera mano algunos objetos prehistóricos encontrados en cuevas del sur de Francia. Sautuola, que ya tenía una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia, regresó a España con una perspectiva renovada y decidido a emprender sus propios trabajos en las cuevas de Cantabria. Acompañado por su hija María volvió a Altamira en 1879. Será la niña la primera en ver las figuras en el techo de la cueva.

En 1880 Sautuola publicó el hallazgo en el folleto Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander, atribuyendo las pinturas a la prehistoria, al periodo paleolítico. A pesar de su lúcido análisis, sus contemporáneos, desde diferentes perspectivas intelectuales, evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores del momento, acogieron con escepticismo su planteamiento.

Su valor no fue reconocido hasta el descubrimiento de arte rupestre paleolítico en otras cuevas de Europa, principalmente en Francia (Le Mouthe, Combarelles y Font de Gaume). En 1902, el prehistoriador francés Émile de Cartailhac publicó Les cavernes ornées de dessins. La grotte d'Altamira, Espagne. Mea Culpa d'un sceptique. A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono del arte rupestre paleolítico.

Incluida en el año 1985 en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, a petición del Gobierno de España. Altamira representa la realización artística única del genio humano y es testimonio excepcional de una civilización ya desaparecida. La inscripción de la cueva de Altamira en la Lista de Patrimonio Mundial significa que UNESCO considera que posee un Valor Universal Excepcional.

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