Han leído bien, cocodrilo es mi propuesta para denominar a los matrimonios entre personas homosexuales, ya que a nuestro nuevo presidente electo, Don Mariano Rajoy, y al presidente de nuestra gran Conferencia Episcopal, Don Antonio María Rouco Varela, no les parece apropiado que se llame matrimonio.
Según lo poco que he podido escuchar a Mariano, sobre este y cualquier otro asunto del que se ha intentado saber qué hará cuando esté en La Moncloa, la cuestión es que hay a una parte de la sociedad española que le molesta esta designación al “casamiento entre lilas y bolleras”, y llamándolo de otro modo a nadie le molestaría.
Es decir, según la voz representativa de la derecha homófoba española, en casi todas sus capas, ya que está mal generalizar, si lo llamamos cocodrilo o de cualquier otra manera, pareja de hecho como lo llaman en Europa parace ser su propuesta, los homófobos dejarán de serlo ¿verdad?
Entonces me van a permitir renombrar unos conceptos de otra índole para acabar con algunos de los males de la sociedad, porque creo que esta es la receta de Marianín, así en confianza, como nuevo presidente del pueblo español.
A todos aquellos que roban dinero de las arcas públicas y se lo entregan a los bancos o se lo quedan ellos mismos, en lugar de corruptos, a partir de hoy les llamaremos Robin Hoodes, castellanizando el término como un buen español ha de hacer, pues únicamente quitan el dinero a los ricos, el pueblo representado en las arcas estatales, para dárselo a quienes son más pobres que el propietario del dinero robado.
A quienes reciben subvenciones de cierta Comunidad Autónoma por llevar a sus hijos a colegios privados, en lugar de “caraduras” pasaremos a denominarlos “hermanitas de la caridad”, pues sólo están recibiendo una pequeña limosnilla para poder acercar a unos niñitos indefensos al derecho a una educación de calidad.
A aquel que se atreva a reivindicar algún derecho que le esté siendo privado y proteste por cambiar su suerte y la de sus iguales, en lugar de “ciudadano comprometido con la sociedad” vamos a llamarle “agitador de la juventud” y recetarle un botecito de cicuta, siempre y cuando las administraciones públicas se puedan permitir el lujo de incluir el veneno que acabó con Sócrates cómo medicamento subvencionado.
Y ya para ir terminando, si en algún momento a alguien se le ocurre decir que no se sabe nada, como diría Sócrates, de lo que van hacer los populares con el estado del bienestar, jamás podrá ser tildado de mentiroso, pues el mensaje lanzado desde aquellos que proclaman el cambio deja totalmente claro que aquí no va a cambiar nada más que el significado de algunas palabras como cocodrilo: “de la voz latina […]; dícese del matrimonio entre dos personas del mismo sexo”.
En ningún momento se pretende ofender con las palabras empleadas en este artículo a ningún colectivo por su orientación sexual, simplemente quiero denunciar la gran injusticia que se cometerá si finalmente sale adelante la propuesta del Partido Popular de cambiar la denominación, y así dar pie a la discriminación, simplemente por el estado civil, del matrimonio entre personas del mismo sexo. El autor.
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