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La belleza de Halong (I): En el mar

jueves 14 de noviembre de 2019, 19:48h
Se ha dicho todo, o casi todo, sobre la ya mítica Bahía de Halong en el norte de Vietnam, en el golfo de Tonkín, a 180 kilómetros de Hanoi, Patrimonio de la Humanidad y, sin duda, el destino más popular del país y probablemente la bahía más bella del mundo.

Millones de turistas la visitan cada año y también millones de vietnamitas o habitantes de los países vecinos, la eligen como segunda residencia lo que está provocando una saturación de barcos en las aguas y de residencias de lujo, tiendas, restaurantes y hoteles en la costa.

A pocos kilómetros de Halong se encuentra Tam Coc, lo que algunos han llamado “Halong en tierra” porque, en efecto, el paisaje es muy similar, con los enormes peñascos forrados de vegetación, los paredes verticales y las formas deslumbrantes, pero sustituyendo las turquesas aguas del golfo de Tonkín por extensos arrozales en todas las gamas de verde y amarillo, solo interrumpidos por el tranquilo cauce del río Ngo Dong y las cientos de pequeñas barcas conducidas por remeros –y sobre todo remeras– que las surcan tranquilamente.

Pero vayamos por partes. Los entre 2.000 y 3.000 islotes (parece que nadie ha podido contarlos) que pueblan la bahía de Halong a lo largo de una costa de casi 120 kilómetros y una superficie de 1.500 kilómetros cuadrados, crean uno de los paisajes más hermosos que puedan imaginarse. La piedra calcárea entre gris y marrón, la vegetación que se cuela por cada grieta y el reflejo que crean en las generalmente turquesas aguas del mar forman un contraste extraordinario, a su belleza contribuye el que debido a su escarpado relieve, la mayoría de ellas no se ha visto nunca alterada por la presencia del hombre. Como reconoció la Unesco cuando lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1994, “además de su excepcional valor estético, este sitio presenta un gran interés en el plano biológico”. Halong es además, desde el 11 de noviembre de 2011 una de las siete maravillas naturales del mundo.

El espectáculo que se muestra ante los ojos tiene tanto de mágico que hace creer en la leyenda que dio nombre a la bahía, Ha Long significa «dragón descendente», y es que según se cuenta, hace mucho tiempo, cuando los vietnamitas luchaban contra los invasores chinos provenientes del mar, el Emperador de Jade envió una familia de dragones celestiales para ayudarles a defender su tierra. Estos dragones escupían joyas y jade en lugar de fuego. Las joyas se convirtieron en las islas e islotes de la bahía, uniéndose para formar una gran muralla frente a los invasores, y además lograron hundir los navíos enemigos. Tras proteger su tierra formaron el país conocido actualmente como Vietnam.

Aunque la vista desde tierra es fantástica, sin duda la mejor forma de apreciar los gigantescos peñascos y su perfecta armonía es navegando entre ellos. Lujosos juncos de velas rojas y barcos para turistas ofrecen travesías por las islas, donde familias enteras de pescadores viven sobre el agua en casas flotantes y barcas varadas al abrigo de paredes y cuevas. Algunos se limitan a excursiones de tres o cuatro horas por los islotes más próximos a la costa, pero un crucero con una noche a bordo permite explorar las islas más lejanas. Ver amanecer en la bahía, cuando la niebla va desvelando los pináculos calizos que emergen del mar como la cola de un dragón, es una experiencia deliciosamente mística.

En esos recorridos más amplios, es posible visitar la boscosa isla de Cat Ba, la mayor de Halong, convertida en parque nacional y enmarcada por una cadena de hoteles de poca altura a lo largo de su antigua bahía, pero el resto de la isla está prácticamente intacta y tan salvaje como siempre. La mayor parte de la costa se compone de acantilados rocosos, pero hay algunas playas de arena y pequeños pueblos de pescadores escondidos en minúsculas calas. Además, desfilan ante la vista lagos, cascadas y grutas que salpican las espectaculares colinas de piedra caliza. En el parque nacional de Phong Nha-Ke Bang, se pueden visitar cuevas inmensas como la de Hang Son Doong, la mayor cueva del mundo, donde cabría un rascacielos de 40 pisos, y que solo un reducido grupo de afortunados puede visitar.

El único problema de los paseos turísticos por la bahía de Halong es que millones de turistas los quieren hacer (5,2 millones de visitantes extranjeros acudieron el pasado año). Por eso no es raro que lleguen e juntarse hasta 3.000 barcos de distinto tamaño y que decenas de ellos se reúnan durante la noche en el mismo lugar. La razón, según se dice, es la seguridad. Aunque no son frecuentes, de vez en cuando hay ataques piratas que desvalijan en cuestión de minutos a los confiados turistas, por eso tampoco es extraño ver que patrullas motoras de la guardia costera y la policía local escolten a los barcos durante su recorrido.

El frágil equilibrio de la bahía, naturalmente se ha visto afectado por la presencia masiva humana. Hace poco las autoridades de la Bahía de Halong, han iniciado un programa piloto para prohibir el uso de botellas y bolsas de plástico a los operadores turísticos. Cada día se usan 5.000 botellas de plástico y otras 5.000 toallitas húmedas con su correspondiente bolsa de plástico que con frecuencia terminan en el mar, lo que contribuye a aumentar las más de seis toneladas de basura que se recogen cada día de las aguas.

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