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Multilateralidad

Todos los intelectuales coinciden en que la llegada del Brexit, Marine Le Pen o Trump, es un problema de la respuesta a la globalización. Otros matizan, quizá a una mala aplicación de la inevitable globalización.

Cuando nos encontramos frente a la necesidad de resolver de forma multilateral un problema de convivencia, inmediatamente descubrimos que ya no es posible aplicar cualquier creencia o ideología de cualquiera de los participantes, porque los demás, los que no participan de esas creencias, se quedan absolutamente fuera de juego.

Cuando dejamos de vivir en un mundo Unilateral para pasar a convivir en la Multilateralidad, quizá lo más importante es que dejamos de pensar y actuar en términos absolutos para pasar a relacionarnos en términos relativos. Ya sé que constantemente añoraremos aquella situación de certeza –a la que querremos aferrarnos cada vez que sintamos dudas- tal como el gran George Steiner dejó perfectamente descrito en su maravilloso libro, Nostalgia del Absoluto.
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En el mismo momento que adoptamos una visión multilateral de la convivencia humana nos encontramos con la visión de las demás personas que, junto a nosotros y con total buena fe, pretenden resolver los conflictos permanentes de nuestra relación con el entorno.

Es bien sabido -basta comprobarlo buscando en internet las publicaciones de la RAE- que incluso dicha palabra no está recogida en su diccionario de la lengua. Solo habla de “Multilateral”, pero no nos resuelve el problema que queremos tratar en este momento.