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Alejandro A. Tagliavini

Una de las noticias más comentadas estos días ha sido que el CEO de Pfizer vendió 5,56 millones de dólares en acciones de la compañía (más del 60% de su participación) el mismo día en el que la farmacéutica anunciaba que su vacuna contra el coronavirus tenía una efectividad superior al 90%, a la vez que su vicepresidenta ejecutiva también se deshizo de acciones que, ese mismo día, cerraron con un alza de casi un 8% y, desde entonces, han bajado a medida que, en el mercado y las bolsas, se enfría la noticia de la vacuna.

Las encuestas dan por ganador a Biden, pero el día de los comicios en 2016, The New York Times decía que Trump tenía solo el 15% de posibilidades de ganar. Algunos analistas dudan. Muchos votantes oficialistas no dan su opinión amedrentados por la intensa campaña de prensa su en contra. Por algún extraño motivo, los medios se alejan de lo que piensa la gente. Por caso, casi toda la prensa apoya las cuarentenas cuando Trump en alguna medida se opone.

Escribo esta columna desde una república, la Argentina, que va camino de ser Venezuela sino Cuba. Hoy, de entre los argentinos el 50% es pobre, el 95% tiene un salario mensual inferior a € 400, y algo tan normal como comprar -moneda extranjera- euros es “delito”. No hay vuelos, el país está cerrado. En contraposición, Isabel II es monarca de la potencia con la democracia más antigua, y envidiable.

“Los humanos merecen lo que tienen: se llenan la boca hablando de la naturaleza (cambio climático, transgénicos, bla, bla, bla...) y luego la tapan con algo antinatural como un barbijo. Greta T estaba de moda, se apostaba a que cambiaría el mundo, meses después, no existe”, escribió un amigo en Twitter. Pues, aun si no tuviera razón y el barbijo fuera útil, destaco la incoherencia que impera. O es el barbijo o es la naturaleza, ambas cosas no pueden ser, no percibir esta incoherencia es claro índice de que no se está razonando sino en estado de pánico.

La violencia en las sociedades está recrudeciendo a niveles insospechados incluso en países que, hasta hace poco, eran pacíficos hasta el aburrimiento, como en Alemania en donde días atrás manifestantes rompieron el perímetro policial del edificio del Reichstag, y “tomaron” la Cámara de Diputados en Berlín.

El día que respetemos la ciencia de la lógica -y seamos coherentes-, las sociedades progresarán con una rapidez que hoy ni siquiera imaginamos. Claro que, precisamente, es un camino de madurez, de desarrollo.

En febrero escribí que el pánico es el arma más letal y eficaz de los autoritarios, porque nubla la mente y provoca reacciones primarias como la violencia que, ya lo decía Aristóteles y la ciencia lo ha establecido de manera incontestable, solo puede destruir aun en los casos de defensa urgente.

A pesar de las duras críticas, Suecia sigue sin confinamiento, fronteras abiertas, libertad de movimiento, niños asistiendo a la escuela, comercios, bares y restaurantes atendiendo clientes en tanto no permanezcan parados, solo recomendaciones, sin imposiciones prohibiendo únicamente reuniones de más de 50 personas.

Alguien dijo alguna vez que los maestros son siempre mejores que los aprendices. China y Evo, maestros del estatismo, le ganan a los “capitalistas” aprendices de maoísmo.

Vivimos tiempos de zozobra especialmente para el lugar donde nací, Madrid, que recuerdan al famoso chotis de Agustín Lara que da título a mi reflexión.

Como escribió Roberto Cachanosky, en una columna titulada “El Estado presente hunde a la población en la pobreza”, la mayoría de las personas “…creyeron que los políticos tenían el monopolio de la solidaridad y que, con ellos cuidando a la población, todos tendrían… salud…, etc… iban a brindarle a la población la mejor condición de vida jamás vista…. Este perverso sistema del estado presente… ha transformado al estado en algo inmanejable…”.

Cansados han de estar mis lectores -y les agradezco tanta paciencia- de leer en innumerables columnas mías la descripción de cómo la violencia, en cualquier caso y bajo cualquier circunstancia, sirve únicamente para destruir y alentar más agresividad.

Honestamente espero que esta sea mi última columna acerca del coronavirus porque no merece más atención, ni quiero seguir al periodismo terror que cuenta cadáveres como si se tratara de un macabro partido de fútbol. Me pregunto si seguirán contando hasta superar la marca del año 2017 de hasta 650.000 muertos en el mundo -32.000 en Argentina- por influenza, según la maoísta OMS.

La princesa Camilla di Borbone sugirió: “imagínate que has nacido en 1900”. A tus 14 años comenzó la Primera Guerra Mundial, que terminó cuando tenías 18 asesinando a 22 millones de personas, y ese año aparece la “gripe española”.

Recuerda Allan Stevo que corría el otoño de 1989, y el muro de Berlín había caído. La gente del bloque soviético llegaba a Occidente a través de Hungría. La situación se le escapaba de las manos a los comunistas del Pacto de Varsovia que habían mantenido en “cuarentena” a sus poblaciones. ¿Se extendería la libertad a Checoslovaquia?