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¡Ahora euro, ahora!

¡Ahora euro, ahora!

jueves 16 de octubre de 2014, 13:07h

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El Bundestag debate hoy la necesidad de seguir contando con Grecia dentro de la plantilla del euro. Una decisión que puede marcar un punto de inflexión en la recuperación económica pero que, como siempre, esconde mucho más de lo que muestra.

¡Ahora euro, ahora!

Por el momento, lo único en claro es que Grecia no podrá afrontar el pago de sus deudas con quien en su día le prestó dinero. Técnicamente (los números no cuadran), es imposible. La promesa del presidente heleno Papandréu de llevar la tarea hecha a clase todos los días ya no es suficiente (ni, por ser, es creíble). Por ello, en su papel de referente europeo, que del parlamento alemán salga adelante la aprobación de ampliar el fondo de rescate depende esa misma decisión para otros muchos parlamentos de los países miembro del euro. ¿Quiere decir que soplan vientos a favor para la UE? Si tan fácil fuera, no sería noticia.

Angela Merkel se ha erigido como la máxima defensora de la integridad tanto de la propia Unión, como de Grecia. Quizás más por orgullo político o por terminar lo que un día mal se empezó, la canciller batalla contra muchos frentes: por un lado, su papel en entredicho por la gestión de la crisis y, por otro, su particular reválida frente a los alemanes, quienes cada vez son más los que piensan que no tienen por qué pagar los platos rotos de los socios “débiles y mentirosos” de la UE. La dificultad viene dada por las grietas que no dejan de agrandarse en la coalición parlamentaria que mantiene a Merkel en la cancillería. Si hace poco, su principal aliado, Horst Scchofer, advertía sobre la posibilidad de tener en cuenta la expulsión de Grecia del euro (antítesis del proyecto de Merkel); la canciller se ha visto obligada a buscar apoyo en el centroizquierda y, por si se diera un motín, entablar acuerdos con Los Verdes. Y, por supuesto, sin que nada seguramente le salga gratis. En un tiempo en el que el dinero vale más de lo que dice en nómina, Merkel se ve ante el escenario internacional frágil como canciller y todavía por ver si robusta comandando la UE.

En la clase política, los sacrificios electorales de sobra es sabido que, además de no digerirse bien, hacen rodar cabezas. Sin embargo, la inflexión de la que hacíamos mención al comienzo ha llevado al cadalso inquisitorial del voluntad pública a Angela Merkel. “No se trata de Grecia únicamente, se trata de abrir un paraguas”. Las palabras de Kauder, albañil a tiempo parcial en la coalición de la canciller, concretó la importancia del hecho en sí: si no se desbloquea el último tramo de ayudas a Grecia, los helenos se quedarían sin fondos generando unas consecuencias muy importantes sobre el sector financiero (ya no solo griego sino también europeo) y sobre el resto de países periféricos.

Más allá de ampliar el técnico FEEF o conocido fondo de rescate europeo, lo que se está debatiendo es la cohesión de la Unión Europea. Tras el ‘OK’ del que parecía el eslabón menos dispuesto a ceder (Finlandia), quedan siete países muy pendientes de lo que diga el Bundestag. Por vez primera, no se está debatiendo una medida cortoplacista que apague el fuego, sino que se busca “comprar tiempo” para poder desarrollar la hoja de ruta que el tándem “Merkozy” ideó para recuperar la economía de la Unión: provocar una detonación controlada de la deuda griega (“perdonar”, con matices, ciertos pagos), solo que ya con una eurozona y un sector financiero en mejor forma para aguantar el envite. Generar confianza a corto plazo otorga un alto el fuego que permite reparar los flancos más débiles y, así, evitar el temido desastre de contagio a las de sobra cuestionadas economía periféricas o la quiebra del euro con una posible salida de Grecia. Le toca el turno a Europa. Ahora.

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