Tony Nicklinson tenía 58 años y en el 2005 sufrió una apoplejía la cual le deje sin habla y sin ningún tipo de movimiento de cuello para abajo, pero con plenas facultades mentales. El británico había llevo su caso a los tribunales para que estos le concedieran su derecho a morir, es decir, la práctica de la eutanasia. Pero nunca consiguió la aprobación de los jueces. Ayer a las 9.00 horas, falleció rodeado de sus familiares.
Desde el 2010 Nicklinson defendió su caso sin ningún tipo de éxito. La semana pasada perdió el último caso ante los jueces y una semana después ha muerto por “causas naturales”. El enfermo, una vez que conoció la sentencia del juzgado, lloró antes las cámaras y se negó a injerir ningún tipo de alimento hasta que la muerte llegó. El propio Nicklinson calificaba su vida como ''una pesadilla de vida''.
Justo antes de morir, el enfermo pidió que a uno de sus hijos que publicara un tuit en su perfil, que era modificado por sus familiares más cercanos, que dijera: ''Adiós mundo, la hora me ha llegado, me he divertido''.
Nicklinson nunca consiguió ganar la batalla ante los tribuales pero definitivamente obtuvo lo que más deseaba: abandonar una vida que él no deseaba tener.