Las encuestas no se equivocaban al afirmar que no habría un partido mayoritario ni un bipartidismo en Grecia. Ayer se vio que la ciudadanía griega está totalmente dividida en cuanto a política se refiere. Nueva Democracia, el partido “pro-rescate” fue el vencedor ayer de los comicios pero no con la suficiente ventaja como para gobernar en solitario, necesitará el apoyo de otros grupos para formar gobierno.
Con un 30% de los votos el partido conservador se impuso a los favoritos, Syriza, el grupo de coalición de izquierdas, que obtuvo un 26,5% de los votos. Alexis Tsipras, el candidato de Syriza, ha anunciado que su posición será la de miembro de la oposición y prefiere dejar el “marrón” económico a Nueva Democracia. La victoria de los conservadores da un golpe de aire fresco a Europa que estaba atemorizada con la posible victoria del grupo izquierdista y que esto supusiera la caída total del país. Tras conocer el resultado de las elecciones, Berlín ha anunciado que ampliará parcialmente el tiempo para hablar sobre los plazos, pero las condiciones siguen siendo las mismas. Adoni Samarás, líder de Nueva Democracia, tendrá que llevar ahora al Parlamento el conjunto de recortes propuestos para sacar a Grecia del agujero.
Por otra parte, el partido neonazi, Aurora Dorada confirmaron ayer su éxito. Ya son el quinto partido en el Parlamento y cuentan con 18 diputados. Tras lugar un 6,9% de los votos en las elecciones de mayo, no solo no han perdido ese porcentaje, sino que lo han ampliado en estos últimos sufragios obteniendo un 7% (las encuestas solo le daban un 5%). La ciudadanía está convulsa y dividida; no importa que uno de los miembros de Aurora Dorada esté en busca y captura. “No al euro”, “no a Europa”, “cierre de las fronteras”, “no a las ayudas internacionales”. Estos, entre otros, son los puntos del partido de extrema derecha surgido en Grecia. Junto con ello, su ideología de limpiar Grecia y dejarla sin inmigrantes parece que ha hecho efecto en los ciudadanos griegos.
Hollande, una victoria inquebrantable. El partido socialista representado por François Holande venció ayer con mayoría absoluta en las elecciones legislativas. Sus contrincantes Ségolène Royal sufrió una derrota apabullante que la dejó sin escaños. Los conservadores, por su parte, perdieron más de 100 diputados.
El grupo socialista ha mejorado sustancialmente sus resultados desde los pasados comicios de 2007, obteniendo 322 diputados. El partido de derechas se quedaría con 220. De esta forma,
contando que la Asamblea Nacional consta de 577 diputados y que la mayoría absoluta se establece en 289, Hollande podría gobernar sin la ayuda de ningún otro partido, es decir, en solitario.
La agrupación de Marine Le Pen vuelve a la Asamble Nacional, desde 1986 no había tenido presencia. Su líder, sin embargo, no obtuvo el escaño. Los franceses dejan claro que piden un cambio gobierno: han pasado de una derecha conversadora con Nicolás Sarkozy a la ocupación absoluta del país por parte de la izquierda, con François Hollande a la cabeza.