Nada que no se aguardara. Dos estilos absolutamente contrapuestos saltaron al tapete del Bernabéu. Intentaron ambos equipos imponer su juego y ahí ganó el Madrid por la mano.
Trató el Bayern de ejecutar su fútbol total: una suerte de posesión infinita desplegada gracias a toques muy rápidos, pases muy precisos, intensa presión e instantánea recuperación. Posible por la imprescindible solidaridad de todos los jugadores muniqueses. Aguardó el Madrid en su campo, defendiendo con uñas, a la espera de cazar un par de contraataques que suelen ser letales.
Ocurre que a los bávaros les faltaron dos elementos que hacen de ese estilo perfeccionado por Guardiola un arma prácticamente mortal. Carecieron hoy los muniqueses de profundidad y llegada.
De lo primero porque no había espacio por las bandas, debido a las coberturas madridistas, que hicieron desaparecer por completo del partido al que se supone que es el tercer mejor jugador del mundo, Ribery. Apenas la tocó el galo porque Carvajal le secó realizando un partido sensacional.
De igual forma que un sorprendente Coentrao, que probablemente hizo el encuentro de su vida. Lo dejó todo el Bayern para Robben, que monopolizó los ataques por la banda derecha. Los bávaros jugaron hoy sólo dos cartas y una fue la del holandés, muy individualista como acostumbra, y sin suerte.
La segunda sucedió porque el otro as de Guardiola fueron los centros al área y el juego aéreo. Abusaron los muniqueses de ello, buscando a un Mandzukic que dejó a Müller en el banquillo. El croata apenas intervino: ni combinó, ni fijó a los centrales, ni probó a Casillas.
Pero ese escaso protagonismo de las figuras del campeón de Europa fue posible en gran parte por el sensacional trabajo defensivo de los merengues, que permitieron apenas media oportunidad al Bayern.
Se encontró Pep ante una línea defensiva que con el paso del partido se fue haciendo cada vez más infranqueable, en vez de suceder al contrario por el mayor desgaste físico. Gozó con asombrosa y esperada tiranía el Bayern de una posesión tan estéril como aburrida.
Como aquella por la que a veces se le criticaba cuando estaba en el Barça. No hacían daño con el balón, sino que pasaban de un lado a otro del campo y así transcurría el partido. En los primeros veinte minutos no la olieron los blancos; pareció que el Bayern iba a pasar su habitual apisonadora.
Pero no precisan los de Ancelotti de posesión, ni siquiera de buen juego para marcar. Lo volvieron a demostrar con tres toques tan sutiles como vertiginosos para marcar un golazo, el único del partido. Benzema remató a portería vacía un pase perfecto de Coentrao.
El Madrid logró lo más difícil y el choque se le puso como quería. El Bayern fue poco a poco perdiendo el control del partido y se avino a un choque de ida y vuelta. Ahí los blancos pudieron matar la eliminatoria con dos goles cantados que erraron Cristiano, primero, y después Di María.