En total, recorrerán 5.000 km de hielo en un mes y medio de travesía. Desde España, participará en su coordinación logística el geólogo y piloto Juan Manuel Viu.
“Tanto la Antártida como Groenlandia son dos elementos muy importantes y desconocidos en el sistema climático mundial. Son muy difíciles de muestrear científicamente, hay contadas bases por la periferia y muy pocos convoyes científicos se atreven económicamente a abordar su interior.
Vimos que nuestro trineo del viento podía realizarlo y hace muchos años que mantenemos contacto con diferentes grupos para sacarle todo el provecho a este trineo”, ha apuntado Viu, ex director de la Base Antártica Española Juan Carlos I, en la presentación del proyecto en Madrid.
El objetivo principal de la expedición –que está previsto que dure en torno a 45 días–, es comprobar la eficacia del trineo de viento como vehículo sostenible, de fácil manejo y económico para la investigación en los territorios polares.
El grupo de expedicionarios, compuesto por Ramón Larramendi, los ingenieros españoles Manuel Olivera y Eusebio Beamonte, la danesa Karin Moe Bojsen y el groenlandés Hugo Svensson, llevarán a bordo instrumentación científica para recoger datos para dos proyectos científicos del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), dirigidos por el geógrafo Juan Ignacio López Moreno: la caracterización de la nieve y la validación de modelos climáticos de Groenlandia.
“Llevarán una estación meteorológica para ir tomando datos continuamente y corroborar los modelos de predicción del cambio climático. El coordinador Juan Ignacio López nos ha indicado que se pondrán en manos de la comunidad científica. Además, van a llevar unos perforadores para estudiar el manto nivoso. Muy poca gente se ha dedicado a investigarlo y tiene mucha relevancia en la interpretación de la respuesta de la energía acumulada por la nieve en ese cambio climático”, añadió Viu.
Asimismo, medirán la radioactividad ambiental para ver si se puede detectar algún rastro cuando pasen cerca de los restos de antiguas bases militares abandonadas con el fin de la Guerra Fría, donde hubo un reactor nuclear.
La expedición pondrá de manifiesto las posibilidades que ofrece para desarrollar un programa científico español que se aproveche de su capacidad como ‘Base-móvil’ en los territorios polares, como Groenlandia o la Antártida.