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Opinión

Leyendo sobre temas de empleo, selección, actitudes, aptitudes, y más concretamente en lo referido a las “habilidades personales" en la esfera del mercado laboral, obviamente, siempre existirán mas y mejores oportunidades de empleo para aquellos que sepan adecuar sus capacidades a los nuevos y apasionantes tiempos en que vivimos.

El Estado moderno impone arbitrariamente su doble moral. Y sus defensores no tienen justificación racional, simplemente dicen que “si el Estado lo dice, o lo necesita, es bueno…”.

Días atrás dio la vuelta al mundo la muerte de Ingvar Kamprad, que había nacido en una comarca rural sueca en 1926. Me llamó la atención cómo lo llamó María Fluxá en El Mundo de Madrid: “el hombre que al crear IKEA democratizó el diseño”.

Los que se resisten a secundar la locura nazionalista catalana, con “Z” de “nazis”, lo están pasando mal. Los jóvenes cachorros de Arran, rama juvenil de la CUP, imitando la kale borroka vasca, no paran de ejercitar la violencia contra las organizaciones, empresas y políticos que no se manifiestan a favor de la república.

Durante su reciente gira por China, además de abogar por las "nuevas rutas de la seda", el colosal proyecto ferroviario y marítimo entre el Pacífico y Europa, Emmanuel Macron, enfatizó la "batalla por el clima", intentando minimizar el boicot a los acuerdos de París de parte de Trump quien es escéptico y que cree que es una invención de Beijing para atrasar a EE.UU. A raíz de la ola de frío, Donald Trump ironizó diciendo que vendría bien “un poco de ese calentamiento”.

Resulta harto difícil encontrar a un ciudadano/a, con independencia de los votantes a los partidos independentistas catalanes, que por diversas razones no simpatice con la andaluza Inés Arrimadas (Jerez, 1981).

Adiós a la esperanza. Tras los resultados de las pasadas elecciones del 21-D, Cataluña no podrá recuperar la tan anhelada normalidad. Desmoraliza constatar hasta que punto el maldito “procés” ha conseguido nuevamente fanatizar a la sociedad catalana, parte de cuyos electores han renunciado a juzgar y examinar la desastrosa gestión de sus líderes, a los que siguen favoreciendo con sus sufragios, a pesar del daño económico y social que ha ocasionado el desastroso secesionismo.

Ha tenido que ser precisamente el comunista Paco Frutos quien haya señalado la contradicción de que las izquierdas catalanas estén poniendo la cara para que la burguesía del tres por ciento se convierta en estado independiente.

Si nos guiamos por los resultados de la banca publicados en los medios, auspician buenos tiempos. Con unos beneficios de 13.500 millones, un 50% más que el año pasado, crecerá el entusiasmo y el dinero correrá con generosidad.

De seguir a este ritmo, cadenas de TV y prensa lograrán que los españoles abandonemos la sana costumbre de ver los telediarios y el ya escaso hábito de leer los periódicos de papel por dos motivos: el independentismo catalán y soportar las declaraciones del esperpéntico Puigdemont. ¿De verdad ya no sucede nada en las restantes comunidades autónomas digno de ser contado a los ciudadanos? ¿Hasta cuándo deberemos seguir soportando semejante paliza mediática?

Es llamativo el que parte de la opinión pública tenga una imagen negativa del mercado natural cuando éste no son sino las personas, esa misma opinión pública que lo rechaza. El mercado natural, subrayo, es el conjunto de los seres humanos desde el punto de vista de la cooperación voluntaria, pacífica, espontánea entre las personas con el fin de vivir y mejorar.

Una opinión más. Cualquiera que leyese el editorial de El Mundo el pasado día 4, pondría cuestionarse si el citado artículo fue redactado por el gabinete de prensa del ministerio de Trabajo o bien por la dirección del mencionado diario.

Había buenas razones para pensar que Cataluña no podría constituirse como estado independiente en forma de república, por muchas veces que la ajustada mayoría de diputados secesionistas en el Parlament –72 de 135 que representaban al 47,7% de los votantes– aprobara resoluciones y leyes inconstitucionales y diera por iniciado el proceso constituyente, y por muchas veces que el gobierno de la Generalitat se empeñara en declarar constituida la república catalana, nadie sabe si simbólicamente o de veras, tras celebrar con nocturnidad y alevosía una consulta ilegal (1-O), en la que tampoco nadie sabe quién votó ni cuántas veces. Resultará difícil de borrar de la retina la imagen del gobierno de la Generalitat y los diputados del Parlament saltándose la Constitución y el Estatut que los legitimaban y pretender al mismo tiempo dar por ‘legítimo’ el resultado.

¿Qué cómo termina una medicación? Siempre con el acta final. En esta se recogen los acuerdos o desacuerdos, o, en el supuesto que ambas partes necesiten más tiempo, o realizar consultas con expertos o con terceros, se puede aplazar el acto para unas fechas posteriores.

Ya nadie cuestiona que Podemos, como partido reivindicativo de izquierda, está pasando por uno de sus peores momentos. Sus manifiestas dificultades para crecer en base a la ineficacia de sus dirigentes y los permanentes enfrentamientos internos son la causa de la indignación de su líder.