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    30 de noviembre de 2020

ACTUALIDAD > OPINIÓN

¡¡Hartazgo!! Es la sensación percibida por todos los españoles y la mitad de los catalanes. Pretender ridiculizar al Gobierno de la nación en momentos tan críticos como los que estamos viviendo solo constituye otra forma más de favorecer al independentismo.
Ya es bien conocido que dicho sentimiento es el que adquiere cualquier animal por los distintos sentidos para integrarse con los suyos. Sabemos que un patito sigue al que esté al lado cuando sale del huevo. En el caso de los humanos la pertenencia se adquiere por los afectos de la niñez y el adoctrinamiento de un idioma, unas costumbres, ciertas creencias y una forma determinada de vivir.
Sin la menor duda, los españoles, estamos soportando por uno de nuestros peores momentos. Concretamente nos encontramos ante una especie de golpe de Estado, y no precisamente sobrevenido sino anunciado y con escaso tiempo para frenarlo.
En cada tiempo y lugar impera una ideología dominante. Ni mejor ni peor. La que se ha impuesto en ese momento porque es considerada por las élites y la mayoría de los administrados como la posible, o la más adecuada, o la que lleva tiempo imperando y aún no ha nacido otra mejor.
Recientemente, Carlos Rodríguez, publicó en MERCA2 un artículo glosando el rendimiento de los trabajadores en el sector de la distribución titulándolo: “Los trabajadores de El Corte Inglés, los menos productivos del sector", y al propio tiempo, destacando con gran diferencia y como líder a Mercadona, e igualmente matizando que al margen de ser la empresa con mayor facturación, sus trabajadores como los más productivos. Cálculo establecido en función de dos parámetros: facturación y volumen de plantilla.
En varios libros y en decenas de artículos me he dedicado a criticar la visión mayoritaria actual, del mundo que nos rodea y a nosotros mismos dentro de él, contemplada y explicada desde el punto de vista de las religiones e ideologías. Eso ya no es posible.
Entre desconcertante y penoso resultan todas las torpezas cometidas últimamente por Puigdemont, presidente de la Generalidad, Forn, consejero de Interior y, Trapero, responsable de los Mozos de Escuadra. No es de recibo el mentir tan burdamente pretendiendo distorsionarlo todo y tergiversando los hechos en lugar de asumir las realidades.
El recientemente fallecido ex presidente de Caja Madrid, suicidado o asesinado, según se lo crean los ingenuos lectores, fue durante años un personaje siniestro ocupado sólo a enriquecerse a costa de una entidad de ahorro que fue modélica.
Entre tanto visionario e iluminado, comenzando por el osado Puigdemont, la única verdad es que nadie del Gobierno catalán tiene la menor idea de lo que puede suceder el 1º de octubre.
La historia es una de las grandes fuentes de conocimiento, y por ello, muy buena para el aprendizaje. Cuentan –aunque ya se ha demostrado que es totalmente falso- que cuando en las Olimpiadas de 1.936, Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro y el jefe del estado Alemán, anfitrión de los juegos, debía saludarle y felicitarle, este abandonó el estadio porque no podía ir contra sus ideas racistas.
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