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    30 de noviembre de 2020

ACTUALIDAD > OPINIÓN

Resulta harto difícil encontrar a un ciudadano/a, con independencia de los votantes a los partidos independentistas catalanes, que por diversas razones no simpatice con la andaluza Inés Arrimadas (Jerez, 1981).
Había buenas razones para pensar que Cataluña no podría constituirse como estado independiente en forma de república, por muchas veces que la ajustada mayoría de diputados secesionistas en el Parlament –72 de 135 que representaban al 47,7% de los votantes– aprobara resoluciones y leyes inconstitucionales y diera por iniciado el proceso constituyente, y por muchas veces que el gobierno de la Generalitat se empeñara en declarar constituida la república catalana, nadie sabe si simbólicamente o de veras, tras celebrar con nocturnidad y alevosía una consulta ilegal (1-O), en la que tampoco nadie sabe quién votó ni cuántas veces. Resultará difícil de borrar de la retina la imagen del gobierno de la Generalitat y los diputados del Parlament saltándose la Constitución y el Estatut que los legitimaban y pretender al mismo tiempo dar por ‘legítimo’ el resultado.
Motivado por los desastrosos resultados obtenidos por los populares en los recientes comicios del 21-D, las relaciones entre el PP y Ciudadanos han comenzando a enrarecerse, debido en esta ocasión a la negativa de Inés Arrimadas de presentarse a la investidura con toda la razón, acusándola absurdamente los conservadores de "escudarse" y tener alergia a gobernar. Toda una incongruencia, dado que si así fuera no se habría presentado como candidata.
Se tiende a pensar a simple vista que son los conceptos de las religiones e ideologías los que mueven a los seres humanos, si profundizamos un poco más nos damos cuenta que lo que de verdad nos mueve son nuestros sentimientos y emociones.
Adiós a la esperanza. Tras los resultados de las pasadas elecciones del 21-D, Cataluña no podrá recuperar la tan anhelada normalidad. Desmoraliza constatar hasta que punto el maldito “procés” ha conseguido nuevamente fanatizar a la sociedad catalana, parte de cuyos electores han renunciado a juzgar y examinar la desastrosa gestión de sus líderes, a los que siguen favoreciendo con sus sufragios, a pesar del daño económico y social que ha ocasionado el desastroso secesionismo.
Si este es un artículo de felicitación, esta ha de ir por delante, ¡¡FELIZ SOLSTICIO DE INVIERNO, FELIZ AÑO NUEVO, 2018!! ¿Qué por qué? Porque según los mejores conocimientos astronómicos de los que disponemos hasta este momento, el pasado jueves, 21 de diciembre, cambió el ciclo solar y nació un nuevo año.
¿Qué cómo termina una medicación? Siempre con el acta final. En esta se recogen los acuerdos o desacuerdos, o, en el supuesto que ambas partes necesiten más tiempo, o realizar consultas con expertos o con terceros, se puede aplazar el acto para unas fechas posteriores.
Nada más fácil para un periodista que entrevistar a la actual ministra de Defensa, Dolores de Cospedal y García, dado que preguntas y respuestas suelen repetirse con pequeños matices y adaptadas al momento político.
Ha tenido que ser precisamente el comunista Paco Frutos quien haya señalado la contradicción de que las izquierdas catalanas estén poniendo la cara para que la burguesía del tres por ciento se convierta en estado independiente.
Ya nadie cuestiona que Podemos, como partido reivindicativo de izquierda, está pasando por uno de sus peores momentos. Sus manifiestas dificultades para crecer en base a la ineficacia de sus dirigentes y los permanentes enfrentamientos internos son la causa de la indignación de su líder.
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