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    26 de febrero de 2020

ACTUALIDAD > OPINIÓN

Intentar gobernar con tantas deudas acumuladas a las restantes formaciones políticas y un fardo cargado de mentiras, improvisaciones y promesas incumplidas resulta utópico. A modo de ejemplo y en principio contemplaremos el problema suscitado a propósito del nombramiento irrealizado de un nuevo responsable de RTVE.
Albert Boadella, el cómico siempre crítico con los desmanes del poder catalán, su Ubú president con el que criticaba a Pujol fue buena expresión de ello, y le costó un destierro de facto de su Cataluña natal; de repente irrumpe en la política como flamante president de ese territorio imaginario llamado Tabarnia.
Uno de los crímenes periodísticos más repugnantes que he vivido tienen que ver con Cristina Fallarás, que ahora la incluyen en la lista de consejeros de RTVE, a comienzos del dos mil.
Recuerdo que en una de las tantas exitosas series de televisión en donde el argumento gira sobre los servicios secretos de los países, es claro que el tema vende, que con buenos libretos generalmente apoyados en la realidad, atraen audiencias, se mostraba a un departamento especial de los servicios secretos en el cual sus integrantes, todos ellos gente de primerísimo nivel, se especializaban, su única actividad era descubrir caminos insólitos en que sus potenciales enemigos podían atacarlos.
Si el entusiasmo de Podemos en el hemiciclo del Congreso tras ganar Pedro Sánchez la moción de censura pudo parecer tan exagerado que hasta los propios socialistas se miraban entre sí con evidente desconcierto, lo que ha ocurrido después invita a pensar que entre los dos líderes de la izquierda existe algo más que amistad interesada, existe un acuerdo político.
Mientras la Corte Penal Internacional inicia un análisis de la “guerra antidroga” de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, días atrás las fuerzas de seguridad de Bangladesh mataron a 11 supuestos narcotraficantes en una nueva operación que se ha cobrado 30 muertos en una semana, ante las críticas de activistas que la ven como un plan "al estilo" del presidente filipino, es decir, aprovechar la excusa para eliminar opositores.
Me da en la nariz que Pedro Sánchez ha conseguido con su “ministro plenipotenciario” Pablo Iglesias calmar a los de la República Catalana, porque eso es lo que se creen que es, un estado independiente, los seguidores de ese nazi conocido por su diminutivo Quim, llamado Joaquín Torra.
La llegada a la presidencia del gobierno de Pedro Sánchez ha llenado las portadas de periódicos y telediarios, pero uno de los primeros actos relevantes ha sido el nombramiento de su consejo de ministros, con el que ha conseguido encandilar a muchos sectores.
Cuenta Juan Diego Quesada que una de las compañías más importantes del sector de la robótica, la japonesa Yaskawa, abrirá a finales de 2018 la primera fábrica de robots en Europa.
En cualquier país desarrollado, cuando se trata de efectuar un nombramiento con rango de ministro, los posibles candidatos, al margen de reunir las características de idoneidad, conocimientos, experiencia, honorabilidad, etc., normalmente son sometidos a una serie de comprobaciones con el fin de evitar posibles sorpresas posteriores, requisito incumplido por parte del actual Gobierno del PSOE en el caso del ya exministro de Cultura y Deporte, Màxim Huerta, con el consiguiente ridículo y merecidas críticas cosechadas.
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