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    21 de mayo de 2019

ACTUALIDAD > OPINIÓN

Son ya clásicas las fotos de las protestas incendiarias -y la represión policial- de la gente contra los “ajustes” promovidos por el FMI, en muchos países.
De todo hay un antes y un después. De todo. Y tras el paso al club de la casta por parte de la pareja Pablo Iglesias y su manceba, con chalé frente a Torrelodones, piscina de diseño, casita para invitados, y demás exquisiteces propias de ricos, no de trabajadores, se desmorona el partido político que prometió el cielo y ha resultado ser como todos. Y si no ha acariciado la corrupción, aún, es porque no ha gobernado ocho años seguidos.
Los españoles estamos padeciendo una larga, triste y convulsa etapa a la que no estábamos acostumbrados. Con paciencia, hemos ido asumiendo que cierto tipo de desastrosos acontecimientos ya forman parte de nuestra actual situación. A modo de ejemplo aunque existen muchos más, podríamos citar dos temas altamente significativos como son, la lacra de la corrupción en sus múltiples facetas, y como no, el independentismo catalán.
En una columna que escribí a fines del 2017 (“No llores por mí Jerusalén”) decía que, desde que Trump amenazó con trasladar la embajada, el revuelo fue fenomenal.
En abril de 2016 escribí una columna titulada “¿Es Macri más populista que Evo?” y, aunque Usted no lo crea, más allá de los discursos intrascendentes y los amigos “conservadores”, en los hechos es realmente más populista, demostrando hasta qué punto un discurso puede confundir a mucha gente.
Parece que la Comunidad de Madrid va a destinar nada menos que dos millones y medio de euros en campañas para la prensa digital.
Hace muchos años viajando en plan turístico hacia Eilat, obligado a cruzar cientos de kilómetros de desierto y tierra, me detuve para fotografiar lo que en ése momento para mí podía resultar la foto que mostrara los diferentes mundos que aquí permanentemente se encuentran...
La desafortunada y nefasta gestión que viene realizando Mariano Rajoy desde hace cierto tiempo, está siendo muy criticada por una gran parte de la ciudadanía e incluso por un sector de sus propios correligionarios, avocados hacia el descrédito y la consecuente ruina electoral.
En un movimiento muy audaz, Donald Trump aseguró que no certificará -el plazo vence el día 12 próximo- el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque todavía no supone la ruptura total del compromiso, conlleva una estrategia más agresiva con Teherán. Y, si recién ahora se decide por este camino, se debe a que sus propias huestes en la Casa Blanca se oponían a rechazar este pacto.
Meses atrás aprovechando que con mi esposa estábamos cerca de su lugar de trabajo llamamos a uno de nuestros hijos para encontrarnos en un café. Es obvio que las conversaciones en su 80% o más es sobre sus hijos, nuestros nietos, lo demás es secundario...
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