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Multilateralidad (I): Concepto
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Multilateralidad (I): Concepto

martes 01 de septiembre de 2020, 19:40h

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Es bien sabido -basta comprobarlo buscando en internet las publicaciones de la RAE- que incluso dicha palabra no est√° recogida en su diccionario de la lengua. Solo habla de ‚ÄúMultilateral‚ÄĚ, pero no nos resuelve el problema que queremos tratar en este momento.

Quiero hablar de Multilateralidad entendida como esa situaci√≥n en la que se adoptan las reglas de la convivencia con la participaci√≥n y aportaci√≥n de m√ļltiples sujetos, en m√°s o menos igualdad de jerarqu√≠a, los cuales deciden organizarse para vivir en comunidad sin dominaciones claras de uno, o de unos, sobre los otros. Sino sometidos todos a esas leyes y aplicadas por tribunales bien formados e imparciales.

Y ya no puede contemplarse la vida, o en este caso las relaciones pol√≠ticas, sociales, econ√≥micas etc., desde la concepci√≥n estricta del dominio absoluto de una visi√≥n Unilateral, en estos momentos desde el absolutismo del Estado-Naci√≥n. Ni desde la visi√≥n fan√°tica de la religi√≥n, ideolog√≠a o concepci√≥n del mundo propia. Hablamos de Multilateralidad cuando aceptamos que en el juego de la vida existe varios actores, l√≠deres o protagonistas que no est√°n sometidos en jerarqu√≠a y que deben organizarse con unas reglas v√°lidas, por supuesto pactadas ‚Äďpero que en la pr√°ctica les resulten las mejores al aplicarlas- que les incumban a todos. Que adem√°s se las dan extra√≠das de la experiencia o de la pretensi√≥n de buscar los mejores equilibrios entre ellos, y que mejor les permita resolver con pactos o con reglas de derecho los inevitables conflictos de la vida.

La vida social se nos presentaba hasta hace bien poco en la historia de la Especie Humana como una serie de dogmas a cumplir por nuestra pertenencia ‚Äďy posible o no creencia- en una religi√≥n determinada. Aun quiz√° la mayor√≠a de habitantes del planeta viven en esa situaci√≥n psicol√≥gica. Solo en el mundo occidental, y en las zonas colonizadas por este, se acepta que el estado, con sus leyes formales leg√≠timamente adoptadas, pasa a representar ese poder absoluto. Lo mejor que se ha conseguido es vivir en la experiencia de la alianza de varios de esos estados que relativizaban en la pr√°ctica la visi√≥n unilateral del mundo como si nuestro estado fuese el √ļnico v√°lido, justo, razonable o libre. En cualquier de las situaciones anteriores era relativamente f√°cil: Lo que dec√≠a mi religi√≥n era lo √ļnico v√°lido, lo que regulaba mi estado era lo √ļnico justo o razonable. En todo caso la visi√≥n era cerrada, dogm√°tica y absolutista.

Hoy, por fortuna, hemos evolucionado y aprendido mucho m√°s y ya sabemos que nos hemos despertado ‚Äďquiz√° sin pretenderlo en absoluto- a un mundo nuevo. Es posible que lo provocara la comunicaci√≥n mundial, las televisiones, tel√©fonos m√≥viles y sobre todo Internet, pero lo cierto es que vemos, comprobamos, experimentamos, que cualquier ciudadano o creyente de cualquier otro estado o religi√≥n o ideolog√≠a posible es igual que nosotros y no nos queda m√°s remedio que convivir con √©l. Por ello ya no nos valen ni nuestras creencias ‚Äďni por supuesto solo las suyas- ni las leyes de un estado u otro. Solo nos vale que pactemos a nivel planetario, y por encima de estados y formas de creer o pensar, reglas que nos permitan relacionarnos entre todos sin que surjan chispas a cada roce.

Si, ya sé, en lo que nos hemos despertado es en la comunicación global y en la interrelación constante. Unos, los menos, pretenden resolver este arduo problema volviendo al mundo anterior cerrado, con fronteras, y con reglas nacionales que, en función de la fuerza y la presión constante, se las apliquemos al vecino y no tenga más remedio que someterse a las nuestras. A esto le llamamos la vuelta al nacionalismo puro y duro y a la defensa de unas religiones e ideologías frente a otras.

Otros, entre los que me incluyo, decimos que esto solo puede resolverse con mayor ‚Äďy por supuesto, mejor- Globalizaci√≥n. En ella no defenderemos estado, naci√≥n o religi√≥n o ideolog√≠a concreta ‚Äďsin perjuicio que unas, es obvio, est√©n m√°s desarrolladas o ajustadas a la llamada realidad que otras- sino unos pactos al nivel planetario, en principio de unos m√≠nimos ‚Äďque ya existen, tales como transportes internacionales, navegabilidad de los estrechos, regulaci√≥n de tramos y rutas a√©reas, etc.- y que desemboquen en el futuro en una regulaci√≥n exhaustiva de la vida de los ciudadanos en los espacios p√ļblicos sean del estado que sean. Todo lo anterior no podemos resolverlo si no rompemos aquel car√°cter absoluto y unilateral y pasamos a una visi√≥n Multilateral en la que necesariamente deben participar varios actores en m√°s o menos igualdad de jerarqu√≠a. A eso le llamaremos ‚Äďsi as√≠ le queremos llamar- Multilateralidad.

Queramos o no vamos irremediablemente a esa aplicación Multilateral de las relaciones humanas.

Sobre el autor

Carlos González-Teijón es escritor, sus libros publicados son Luz de Vela, El club del conocimiento, La Guerra de los Dioses, y de reciente aparición El Sistema, de editorial Elisa.

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