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La desidia ciudadana

La desidia ciudadana

jueves 16 de octubre de 2014, 13:07h

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Me ha tocado charlar con un montón de taxistas en la querida Argentina. Cuando gobernaba Ernesto Kirchner, y cuando le sustituyó su esposa, la descerebrada Cristina Fernández, burda imitadora de otra esposa: Evita Perón.

Y los taxistas, que en cualquier ciudad del mundo te hacen un resumen bastante aproximado de lo que piensa la ciudadanía, echaban pestes del gobierno al que le calificaban de ladrón, corrupto y demás lindezas. Pero al final siempre lanzaban la coletilla de que "todos hacen lo mismo", así que daba igual a quien votar.

Me da en la nariz que los ciudadanos de España, de esta España nuestra, tienen el mismo concepto de nuestros políticos. Los que gobiernan son unos corruptos, aprovechados, con cuentas millonarias en Suiza mientras muchos miles de ciudadanos pasan hambre por sus políticas equivocadas. Y que votar a los otros es lo mismo porque cuando llegan al poder se desdicen de sus promesas electorales y roban a mano armada hasta que un juez tiene el coraje de iniciar diligencias. Estas se eternizan y al final, políticos y banqueros se reparten privilegios y dineros en silencio hasta que un periódico logra una filtración y levanta el escándalo. Entonces empiezan las maniobras al más alto nivel para domesticar a la prensa incómoda, vía económica, claro, retirando subvenciones oficiales, y removiendo el sillón del director... Como muestra, los dos últimos. El cese del director de El Mundo, Pedro José Ramírez y el del País, Javier Moreno, por otros más domesticados.

En Argentina uno de los pecados es que los jueces deben ser propuestos por los políticos. En España Gallardón incumplió una de sus promesas estrella y entregó el organismo de los jueces también a los políticos. De esta manera, ni en Argentina ni en España los jueces tienen ganas de iniciar acciones contra los políticos, y menos si ese político está en el partido que gobierna... Para heroicidades están los periodistas, que no los jueces, claro.

Lejos aquella Argentina pujante del siglo pasado que competía nada menos que con California en calidad de Vida. Lejos de aquellos Buenos Aires donde la londinense Harrods decidió iniciar su expansión internacional. Una Argentina que inventó el congelador industrial para conservar la carne que exportaba. Que fabricaba coches, aviones, barcos... Hasta que llegó Perón a la presidencia y descubrió que subvencionando a parados y empresas se perpetuaba en el poder. El populismo de la subvención que los socialistas vienen aplicando en Andalucía hace más de treinta años es el que ha arruinado al país andino. Y Andalucía, pues ya ven como está... que hasta Cataluña se quiere independizar para no sufragar tamaño derroche, entre otras cosas, claro.
Aunque lo que pasa en Cataluña merece otra dedicatoria.

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