Cuatro años después de la invasión a gran escala de Ucrania, la guerra ha dejado profundas huellas en la vida cotidiana de millones de personas. La situación se caracteriza por desplazamientos masivos, infraestructuras devastadas y un invierno implacable. En el centro de salud mental de Vínnytsia, el 50% de los pacientes sufre trastorno de estrés postraumático. Las condiciones extremas han llevado a muchas familias a sobrevivir en refugios improvisados, enfrentando temperaturas bajo cero y escasez de servicios básicos. La atención médica y psicológica es crucial en este contexto, con un aumento significativo en las consultas por problemas mentales desde el inicio del conflicto.
Cuatro años de guerra en Ucrania
La invasión a gran escala de Ucrania, que comenzó hace cuatro años, ha dejado huellas profundas en la vida cotidiana de sus habitantes. Actividades tan simples como bañar a un bebé, calentar una habitación o despedir a un ser querido se ven marcadas por el conflicto. En medio de bombardeos y destrucción, millones de personas luchan por sobrevivir, enfrentándose a desplazamientos forzados y a infraestructuras devastadas. El invierno, además, se convierte en un enemigo implacable.
En Vínnytsia, el 50% de los pacientes del centro de salud mental que operan allí presenta síntomas de trastorno de estrés postraumático. Esta cifra refleja el impacto psicológico que ha tenido la guerra en la población local.
Yuliia Murashkina, quien ha sido desplazada dos veces debido a la guerra, comenta: “Incluso después de tantos años, podría recorrer mi calle con los ojos cerrados”. Su historia es solo una entre muchas; su familia dejó Fashchivka en 2014 y se trasladó a Kreminna. Sin embargo, tras el inicio de la invasión rusa en 2022, tuvieron que huir nuevamente.
“En Ucrania, la guerra afecta a todos los aspectos de la vida”, señala Jorge Castro Armijo, coordinador de proyectos en Vinnytsia. “Muchas personas están en modo supervivencia y las consecuencias para su salud mental aún no son completamente visibles”.
Damir, un bebé de apenas dos meses, ha sido bañado solo dos veces desde su nacimiento: una vez en el hospital y otra cuando volvió brevemente la electricidad. Su madre, Kateryna Murashkina, explica que ahora utilizan toallitas debido al frío extremo. “La habitación no se calienta lo suficiente para poder bañarlo”, dice con preocupación.
Kateryna vive actualmente en un antiguo instituto científico convertido en refugio en Dnipro junto a aproximadamente 270 personas desplazadas. Las constantes agresiones rusas contra las infraestructuras energéticas han llevado a muchos residentes a pasar días sin calefacción ni agua potable.
Nuestra presencia en refugios como este es crucial. Las clínicas móviles han visto un aumento significativo en las consultas: más del doble entre 2024 y 2025, pasando de 4.327 a 9.500 atenciones médicas.
Sin embargo, la decisión de abandonar el hogar sigue siendo extremadamente difícil para muchos. A pesar del peligro inminente, personas mayores y aquellas con enfermedades crónicas suelen quedarse hasta que no les queda otra opción que huir ante el colapso total de servicios esenciales.
El impacto material es evidente; sin embargo, el deterioro emocional también deja cicatrices profundas. Entre 2022 y 2025 se realizaron más de 55.000 consultas psicológicas por parte de nuestros equipos médicos.
Elena Butta, excoordinadora médica en Vínnytsia, destaca que “la mitad de los pacientes atendidos presenta trastornos como estrés postraumático o depresión”. Este trauma colectivo afecta no solo al individuo sino también al tejido social: las relaciones familiares y la confianza hacia el futuro se ven comprometidas.
Zinaida Babisheva, una mujer de 67 años originaria de Lyman ahora refugiada en Dnipro, recuerda cómo era su vida antes del conflicto: “Teníamos manzanas, ciruelas y muchas flores”. La nostalgia por un pasado perdido contrasta con su presente lleno de incertidumbre y tristeza.
A medida que continúan los combates y las comunidades quedan inhabitables debido a los ataques constantes, nuestras operaciones deben adaptarse constantemente para seguir brindando apoyo médico donde más se necesita.
| Cifra | Descripción |
|---|---|
| 50% | Pacientes con trastorno de estrés postraumático en Vínnytsia |
| 270 | Personas desplazadas en el refugio de Dnipro |
| 4,327 | Consultas médicas móviles en 2024 |
| 9,500 | Consultas médicas móviles en 2025 |
| 55,000 | Consultas psicológicas realizadas entre 2022 y 2025 |
Cuatro años han pasado desde la invasión a gran escala de Ucrania.
La guerra sigue marcando cada gesto cotidiano, como bañar a un bebé o calentar una habitación, y millones de personas sobreviven entre desplazamientos y infraestructuras destruidas.
El 50% de los pacientes del centro de salud mental en Vínnytsia padece trastorno de estrés postraumático, reflejando un deterioro significativo en la salud mental debido a las secuelas del conflicto.
Médicos Sin Fronteras ofrece apoyo psicológico y atención médica a personas afectadas por la guerra, incluyendo veteranos y desplazados internos.
Las personas desplazadas viven en refugios donde enfrentan condiciones difíciles, como falta de calefacción, agua y electricidad, especialmente durante el invierno.
A menudo, las personas mayores y aquellas con enfermedades crónicas permanecen en sus hogares hasta que no tienen otra opción que huir debido al peligro extremo.
Las consultas realizadas a través de clínicas médicas móviles se duplicaron con creces en 2025 en comparación con 2024, pasando de 4.327 a 9.500.