En una semana de aparente estabilidad (no se confunda esto con algo positivo), la posible resolución del conflicto libio y la unidad que muestra la UE tras el encuentro del binomio Merkel-Sarkozy han disipado los rumores de “default” de los países más expuestos a caer en suspensión de pagos.
La tónica de las últimas semanas hace patente la importancia de una imagen estable, al menos vista desde fuera, para que ni inversores ni agencias de calificación entren en el juego recíproco de la duda. El mejor ejemplo lo encontramos en nuestro país, quien consiguió vender una cantidad importante de su deuda a un tipo de interés mucho más bajo del habitual. Sin embargo, esto responde a un engranaje en el que toda su respuesta está interrelacionada, y más aún en un mercado globalizado como el actual.
El punto de inflexión lo marcaron el cumplimiento de las expectativas previas a la reunión del pasado martes en París. De entre todos los puntos a tratar, la Unión hizo gala de su más íntimo significado saliendo reforzada como un ente único. En primer lugar, la aprobación del nuevo plan de rescate griego, estimado en más de 100.000 millones de euros. Aun pendiente de algunos flecos (como la oposición de una parte de los estados escandinavos), el riesgo de que el país heleno se vea en la situación de no poder devolver el dinero a quien se lo prestó (o lo que es lo mismo, de caer en “default” o suspensión de pagos) ha disminuido.
Por ello, y ante el maridaje económico “en la salud y la enfermedad” de la Unión, los mercados vieron menguada su incertidumbre. Pero, ¿cómo responde este engranaje? El fondo de rescate griego no es dinero líquido como tal, tan sólo una parte es “al contado”. No obstante, los países de la UE se comprometen a comprar deuda griega a un interés “superbajo” (como si se tratase de un país con la famosa calificación AAA), lo que garantiza al Ejecutivo heleno recursos reales sobre los que basar su recuperación. Al igual que España o que cualquier otro estado que emita deuda, el proceso es siempre el mismo. De la cantidad total de deuda que se saca al mercado, se divide en bonos con un interés asociado de un porcentaje que marca, en un inicio, el estado que vende su deuda y que, a lo largo de la jornada, aumenta según lo que los inversores consideren “rentable” para que la compra de deuda de ese país se convierta en un negocio.
Esa imagen sólida y de unidad a la que se hacía referencia al principio es un síntoma que invita a confiar a medio y largo plazo en la recuperación económica de los países con más riesgo de caer en “default”, como Grecia (nuevamente), Portugal, Irlanda o, con menor índice de probabilidad, España e incluso Italia. Si la balanza de las garantías a medio plazo se equilibra con una buena gestión a corto plazo, las economías lograrán sortear los rumores y las temidas notas de calificación de las agencias. Europa responde, España también con su propuesta constitucional de limitar el gasto. No obstante, la balanza sigue desequilibrada hacia lo más inmediato.