El terrorista no pasará sus días en un centro psiquiátrico, como se pensaba.
Un año después de los asesinatos que enmudecieron a Oslo y acabaron con la vida de 77
personas, su autor, Anders Breivik, es condenado a 21 años de cárcel que posibilidad de
ampliación de la condena.
Con rostro sonriente escuchó Breivik el veredicto del jurado en el cual se habló sobre su estado mental. El tribunal piensa que el joven ultraderechista de 33 años padece graves trastornos de personalidad pero no una psicosis grave. Los miembros del jurado aseguran que Breivik es totalmente consciente de sus actos. De ahí que los próximos 21 años los vaya a pasar en prisión y no en un centro psiquiátrico.
Según la legislación Noruega, la pena máxima que se le puede imponer a un asesino es la que Breivik ha recibido: 21 años de cárcel con posibilidad de prórroga. Por tanto, el ultraderechista podría quedar libre si cumple su condena 21 años después siempre y cuando no se crea que es un ciudadano peligroso. Si fuera así, su sentencia sería prorrogada cada cinco años indefinidamente de forma que no fuera posible salir de prisión.
Un año después, los supervivientes de la matanza de Utoya y los familiares de las víctimas se sienten aliviados al ver entre rejas al culpable del mayor atentado terrorista de la historia noruega