El mundo está loco, aunque esta afirmación no es nada nuevo. La Tierra gira cada vez sobre un eje más diabólico, más ajetreado, más corrosivo y ponzoñoso. Estrenamos la sección de Opinión en Hora Punta.
La gente mata, miente, es cruel y despiadada con el prójimo, con el que es diferente y hasta consigo mismo. Es desalmada con los animales, con las plantas; tala bosques, arranca pieles. Quema poblaciones enteras, aniquila, destruye. El odio pudre las mentes desde la infancia, tal y como dijo John Lennon, nos escondemos para hacer el amor pero la violencia está a plena vista; la contemplamos con una pasividad alarmante. Leemos en las noticias que un adolescente entra en un instituto y asesina a sus compañeros y lo único que podemos pensar es “que eso ha pasado muy lejos y no tiene que ver con nosotros”. ¿Qué nos pasa? Son seres, son vidas. Tu sangre es roja, hombre blanco, tal y como lo es la de ese negro al que tanto desprecias. El dolor por la pérdida, nórdico racista, es el mismo que siente ese musulmán al que tanto temes. Entonces, ¿por qué marcas siempre la diferencia? ¿Te es más sencillo diferenciarte que encontrar similitudes?
Qué está pasando, me pregunto a diario. Por qué un hombre, si acaso merece tal nombre, acaba a sangre fría con la vida de más de noventa personas en un intento de acabar con la multiculturalidad, tal y como ha afirmado en sus declaraciones. Se ha declarado a sí mismo como conservador y cristiano, lo cual me asombra profundamente. No soy una persona religiosa, no creo en ningún Dios ni religión existente, pero respeto en grado sumo las creencias de cada uno. Sin embargo, sí que me considero más religiosa si cabe que ese despojo humano, ese demente. Cuando matas a un ser similar a ti no lo haces en nombre de ningún dios, sino en nombre de tu propio odio, por convicciones propias. Lo que pasa es que es más fácil callar a tu conciencia dándole un sentido místico y divino. Creo que las religiones tratan de enseñar una doctrina a través de la cual ser bueno para llegar al Paraíso, pintándolo a grandes rasgos. ¿En qué mente cabe que asesinar sea la entrada a este idílico lugar? ¿Quién tiene la osadía, la falta de vergüenza, de cometer crímenes en nombre de este o aquel dios? La realidad es que noventa y tres personas han perdido su vida, su futuro; detrás quedan noventa y tres familias destruidas, sin consuelo, sin explicación.
No, no creo que tu dios esté muy de acuerdo con tus actos, Anders Behring Breivik. No eres un héroe, eres un asesino. Sólo un asesino más, un ser corrompido por su propia amargura. Uno de tantos seres perdidos y despreciables que vagan por el planeta. Sólo eres alguien perdido dentro de ti mismo, uno de tantos que no entienden que da igual el color, la altura, la importancia o el sexo. Lo que importa es algo más profundo, más de lo que alguien así jamás podría llegar a entender. Y sin embargo, esta no será la última historia de esta índole que tendremos que escuchar, de eso estoy segura.
Por qué, eso es lo único que se repite en mi cabeza. Por qué no nos dedicamos a vivir en paz con nosotros mismos, por qué nos afanamos en destruir, en odiar. Ningún animal odia excepto el ser humano, lo cual hace que me resulte irónico que sea precisamente nuestra especie la denominada “sapiens”. Se nos ha otorgado el don de pensar, de razonar. Y nosotros sólo lo empleamos para extorsionar, para mentir y para conseguir beneficio personal. Qué vergüenza y qué asco siento de mí, de mis allegados, de aquellos a los que nunca conoceré. Creemos que somos los amos y señores de la Tierra, y ese egocentrismo nos está llevando a consumirnos como seres. Hemos dejado de lado el sentido de comunidad y avanzamos cada vez más hacia el individualismo, al yo, a la irrealidad de creernos especiales. Yo no dejo de ser más que una simple humana, pero creo muy sinceramente que si nos otorgaron la virtud del pensamiento no fue para que lo malgastáramos haciendo daño, sino para invertirlo en algo bueno, en mejorar.
He pedido la palabra para poder desahogarme a gusto, para poder expresar la pena que siento al saber de sucesos como la masacre de Noruega, para patalear y llorar en silencio a través de estas letras. Ahora, al igual que cientos de voces anónimas en cualquier lado del planeta, pido la paz, no ya por nosotros, sino porque la Tierra en sí la merece.
You may say that I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you’ll join us
And the world will live as one.