Apenas unas horas después de su cierre y con la noticia corriendo como la pólvora por la Red ya es un hecho: Megaupload ha caído y su verdugo es el mismísimo FBI.
Permítanme que les haga un breve retrato del estado en el que me encuentro: en shock, incapaz de creer lo que ha ocurrido delante de mis narices y en la cara de millones y millones de internautas que estábamos haciendo uso del servicio en el momento de su defunción. En shock y asustada, por qué negarlo. ¿El FBI cerrando un portal web mundial? Y lo que me extraña aún más… ¿reconociéndolo públicamente? ¿Qué está pasando? ¿Desde cuándo el servicio de inteligencia americano se ocupa de estos asuntos? ¿Es definitivo el cierre? ¿Hay alternativas? ¿Qué pasará ahora con portales tan familiares como seriesyonkis.com o series.ly, cambiarán sus enlaces o simplemente desaparecerán?
Estas y otras muchas preguntas bullen en mi confundida cabeza. Y tal vez esté viendo un incendio donde sólo hay humo, pero como internauta asidua al servicio y teniendo en cuenta que Megaupload era el corazón de la mayoría de portales de enlaces web del mundo, interpreto el cierre como un atentado directo contra los derechos de los internautas.
La excusa es, como siempre, la piratería. Y digo excusa y no motivo porque está más que comprobado que el dinero real que pierde el mundo del entretenimiento es muchísimo inferior de lo que estiman. Es un hecho que consumimos más productos culturales cuando son gratuitos que cuando hay que pagar por ellos, ya que la difusión que adquieren los productos de licencia gratuita es siempre mayor que aquellos que han de ser pagados, pues no todo el mundo puede permitírselos. Es más, la gran mayoría del material que circula por la Red no hubiera podido sobrevivir si no fuera por la ingente cantidad de descargas y difusión cibernética que obtienen por ser, sencillamente, accesibles a todos. Y más en la coyuntura económica global actual.
Sin embargo, y como siempre ocurre, los intereses económicos de unos pocos apoderados prima sobre el libre intercambio de cultura accesible para todos. Es bien sabido que los únicos artistas que realmente sacan un suculento beneficio de la venta de discos, películas y demás son aquellos que son dueños de productoras o diferentes empresas relacionadas con el mundo de la música, el espectáculo, las editoriales… el beneficio real para cualquier músico proviene de los directos, las firmas de discos y las apariciones públicas. Aunque claro, eso implica moverse y pelear como el primero, y por desgracia parece que muchos artistas han olvidado cómo se hacía. Curiosamente son los que más influencia y poder tienen los mismos que emiten la mayoría de las quejas contra el movimiento de descargas en la Red, y los grupos y artistas de menor peso (económicamente hablando) los que se muestran siempre a favor de la difusión gratuita.
Me vienen a la cabeza, entre otros, El Puchero del Hortelano y Canteca de Macao, dos grupos del panorama nacional con años y años de carretera y conciertos a las espaldas que apoyan las descargas y que, gracias a su filosofía de trabajar duro y de dar conciertos continuamente, han demostrado que sí se puede sobrevivir e incluso crecer gracias a Internet.
Porque La Red, y en concreto las descargas libres, no dejan de ser una metamorfosis más de la propia cultura en su camino hacia la difusión global; una nueva imprenta de Guttemberg, una forma más de compartir y aprender compartiendo. No dudo de que haya mil y una formas de que el trabajo de un artista siga siendo reconocido y remunerado, tal y como debe ser, independientemente de las descargas ilegales. Quizá el problema no son éstas, sino el esfuerzo “extra” que deberían hacer aquellos que defienden este cierre para poder mantener sus ganancias.
Megaupload, madre y sustento de las principales páginas de enlaces en Europa, Latinoamérica y Estados Unidos no es más que el primer gran titán que ha caído. Y por supuesto no será ni de lejos el último.