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Este domingo dormiremos menos

David Rodríguez | Jueves 16 de octubre de 2014

Cada primavera adelantamos una hora el reloj y la noche pasa a tener una hora menos para adaptarnos al horario de verano y a unas mayores condiciones de luz. ¿Cuáles son los efectos sobre nuestro cerebro de este cambio en las manillas del reloj? 



Este mini-jet lag parece tener más ventajas que inconvenientes según explica a Infosalus David Pérez, neurólogo y director de la Fundación del Cerebro. Y es que cualquier cambio en el ciclo vigilia-sueño del ser humano tiene su repercusión en el funcionamiento cerebral, aunque esta dependerá del tipo de cambios y de su recurrencia en el tiempo.

El especialista señala que existen estudios en los que se ha evaluado este ciclo humano de vigilia-sueño eliminando por completo las condiciones lumínicas de referencia del día y la noche, empleando recursos como la permanencia de voluntarios humanos en cuevas. Se ha comprobado que en estas condiciones experimentales el ciclo convencional de 24 horas se prolonga más allá de estas horas y que se duerme más tiempo.

En el cambio horario estacional al ser sólo una hora la de más o la de menos, los efectos sobre el cerebro son reducidos, señala el especialista. Si bien, añade Pérez, las repercusiones son más claras en el caso del jet-lag tradicional en el que el cambio de husos horarios por viajes de larga distancia conlleva cambios de hasta 6 horas. En estos cambios más bruscos, si la costumbre se vuelve habitual se pueden producir alteraciones en el estado de ánimo, la concentración y los niveles de estrés y ansiedad.

En cualquier caso, Pérez apunta que es normal sentir más somnolencia e irritabilidad cuando se cambian los ritmos habituales pero que son situaciones que suelen resolverse en las 24-48 horas siguientes sin más repercusión.

Además, el neurólogo señala que este malestar es más frecuente en el cambio horario que se produce en otoño ya que el cambio lleva a tener menos horas de luz.


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