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    21 de noviembre de 2017

ACTUALIDAD > OPINIÓN

Pretender comparar la actuación de un payaso con el comportamiento de Puigdemont, constituye todo un insulto para los profesionales del circo. Su excursión a Bruselas acompañado de seis de sus consejeros ha resultado patética.
Todo lo que diferencia a una persona adulta de un niño son sus niveles de consciencia. Todo lo que diferencia a unas culturas, civilizaciones, o grupos sociales de los otros son sus niveles de conocimiento. Es decir, la cantidad de conocimientos reales contrastados de los que disponen. En ambos casos la diferencias entre unos y otros consiste en ser o no conscientes de una serie de leyes de la naturaleza de la que formamos parte.
Ya hemos escuchado a las partes. Ya les hemos hecho reflexionar sobre las posiciones iniciales. Ahora, y siempre actuando como mediadores, hemos de darles nuestra visión – procurando siempre que sea más objetiva e imparcial que la de ellos-.
Cuando se actúa como mediador, una de las primeras cosas que uno aprende, es que cada persona ve los asuntos desde el punto que los mira. Dicho más técnicamente, cada uno ve la vida desde la posición que ocupa.
Un día, y de forma aleatoria, mientras mi hija preadolescente me preguntaba acerca de cómo funcionaban las cosas, se me ocurrió sobre la marcha que la forma más sencilla, a la vez más completa de explicarle cómo es el mundo en el que vivimos, y del que irremisiblemente formamos parte, era decirle que se explicaba todo con el funcionamiento de la Mano de un Ser Humano.
Los argumentos que debemos utilizar para provocar la reflexión en los ciudadanos medios serán del tipo siguiente...
El proponerse resolver la normalidad social y la convivencia pacífica de la sociedad catalana, a nivel de frase y como intención es digno de encomio, pero al extrapolarlo a la realidad teniendo en cuenta el duro enfrentamiento existente entre independentistas y no independentistas, incluso en muchos casos en el propio entorno familiar, mucho nos tenemos que con el elevado índice de fractura ciudadana alcanzado, el logra de esa ansiada paz social se supone harto difícil o en defecto, pura fantasía.
Ya ha sido explicado en el primer artículo que la moral y la política por la que nos regimos mayoritariamente, hoy en día, sigue siendo mítica, críptica, e irracional.
Ya llevamos varias sesiones con las partes, sabemos lo que quieren, y como. Hemos comprobado que actúan al margen de sus representados. Esto es así porque los intereses de las élites –en este caso- y los ciudadanos a los que representan, son contrapuestos. Lo que vamos a hacer es informar a los votantes en general para que conozcan que se está cociendo, y como lo cocinan sus representantes.
En el Siglo VI a.C. un grupo de pensadores griegos a los que denominamos Presocráticos, nos legaron su afán por entender las leyes que regían el mundo que habitaban. Les llamaron leyes físicas y con ellas trataron de comprender las medidas de un triángulo o el área de un cuadrado.

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