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    20 de septiembre de 2017

ACTUALIDAD > OPINIÓN

El recientemente fallecido ex presidente de Caja Madrid, suicidado o asesinado, según se lo crean los ingenuos lectores, fue durante años un personaje siniestro ocupado sólo a enriquecerse a costa de una entidad de ahorro que fue modélica.
Entre tanto visionario e iluminado, comenzando por el osado Puigdemont, la única verdad es que nadie del Gobierno catalán tiene la menor idea de lo que puede suceder el 1º de octubre.
La historia es una de las grandes fuentes de conocimiento, y por ello, muy buena para el aprendizaje. Cuentan –aunque ya se ha demostrado que es totalmente falso- que cuando en las Olimpiadas de 1.936, Jesse Owens ganó cuatro medallas de oro y el jefe del estado Alemán, anfitrión de los juegos, debía saludarle y felicitarle, este abandonó el estadio porque no podía ir contra sus ideas racistas.
Dicen que cuando una mentira se repite miles de veces y son muchos los dedicados a tal menester, termina convirtiéndose en verdad y admitida como tal.
Aunque el presidente Mariano Rajoy nos quiera convencer de que en Cataluña no llegarán a la secesión que llevan anunciándonos varios años, sin que el inquilino de la Moncloa tomara alguna medida para poner el freno, al final tendremos guerra. Por supuesto. Una guerra moderna, no una civil como en el 36, donde los bandos se mataban a plena luz del día.
Desde que Pedro Sánchez recuperó la Secretaria General del PSOE, tras barrer las absurdas esperanzas de la andaluza Susana Díaz, nuevamente ha aflorado en este político su irreprimible ambición, para lo cual orquestó un congreso totalmente a su medida, desprendiéndose de todos aquellos que militaron en el sector contrario y pudieran hacerle sombra.
La globalización, que en un principio conlleva el relacionarnos con todos y no rechazar a nadie, hemos de ser sinceros y darnos cuenta que el lado malo que acarrea es que transporta con ella un poco de, “Todo Vale”.
Los que no pretendían gobernar, sino montar el circo en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, como siempre lo han hecho, los pasados martes 13 y miércoles 14 de junio, nos han dejado un mal sabor de boca.
Dos de los grandes problemas, entre otros, del referéndum independentista catalán y que resultan insufribles son: la duración del mismo y la manifiesta inoperancia del Gobierno para zanjarlo, cuya celebración impide nuestra vigente Constitución.
Desde hace no muchos años, se menciona con frecuencia en centros de formación, masters, etc. el término “fidelización”, como piedra filosofal para conseguir el éxito de una empresa.

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