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Comprender el mundo: Moral y política
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Comprender el mundo: Moral y política

Ya ha sido explicado en el primer artículo que la moral y la política por la que nos regimos mayoritariamente, hoy en día, sigue siendo mítica, críptica, e irracional.

Ha sido creada por brujos y chamanes, y solo depende de que aceptemos sus dogmas sin preguntar. En todas ellas los gurús de turno nos dicen que simplemente debemos tener “Fe”, es decir, obedecer sin rechistar y no pretender comprender nada. Si alguien pretende comprender, automáticamente pasa a ser al principio molesto, luego un contestatario, al final un delincuente. Si alguien cree que miento que vea toda la historia de cualquier grupo humano. O que mire en la actualidad los condenados a muerte dentro del Islam por poner en cuestión alguno de sus predicados fundamentalistas.

Pero no solo en las antiguas religiones, lo mismo sucede con las ideologías. Échese un vistazo a la historia de muertos contestatarios del Marxismo. Compruébese que igual habla de “Libertad” Fidél Castro para impedir a sus ciudadanos crecer intelectualmente, o para viajar, o los dirigentes coreanos mientras matan de hambre a su población. En Siria sus autoridades dicen que están garantizando la “Seguridad” de su población cuando en realidad les bombardean y provocan que siete millones de Sirios hayan abandonado su país.

Esto mismo sucedió en la historia con los aspectos de la física, más tarde se condenó a muerte a los alquimistas por intentar saber y explicar de química. Mucho mejor entendemos cómo se condenó a los médicos y se tardó en aceptar que sus acciones y sus materias de estudio eran cuestiones físicas y no espirituales. Ahora estamos en la batalla de demostrar que la Psiquiatría y la Psicología son aspectos de una ciencia que nos demostrará como funciona nuestra mente, porqué actuamos así, o porqué tenemos en la cabeza lo que tenemos. Nuestra mente y sus respuestas, emociones, sentimientos o tomas de conducta es algo técnico, susceptible de ser estudiado como la anatomía o la fisiología.

Cuando en distintas tertulias surge esta discusión mi argumento siempre es el mismo, y casi siempre incontestable: Si todos los grupos humanos desde hace tres mil años ya disponen de escuelas de guerra para formar a sus oficiales, es porque una parte importante de los movimientos del enemigo pueden ser enseñados y aprendidos y por ello, previsibles, esto nos permite –“más o menos”- preparar las respuestas militares adecuadas.

Es verdad que no disponemos de un ordenador que puede prever y evaluar todas las respuestas, pero un ordenador ya le ha ganado al mejor de los ajedrecistas.
La especie humana se haya ante un gran salto en la evolución cultural, ha de abandonar su estado de “Adolescencia”, de la que estamos saliendo, para adentrarse de lleno en la edad de adulto. Ello implica cambiar los conceptos en nuestras cabezas, y después cambiar todo el lenguaje. Un adolescente sueña, imagina, cree y se ilusiona. Actúa por impulsos y sentimientos. Para ellos llegar a evaluar con rectitud la realidad les genera muchos problemas. Un adulto se rige por lo que sabe, por lo que ve delante de sus ojos. Siente deseos y trata de conseguirlos con prudencia y disciplina. Sabe que depende mucho de su trabajo, y de la reacción de los demás, a los que siempre tienen en cuenta. Actúa con la cabeza y trata de rechazar todas las ensoñaciones posibles. Conoce los problemas y trata de resolverlos.

Hasta ahora los conceptos morales que se manejan son del tipo “Espiritual”, pero descubrimos al analizar el Judaísmo, el Cristianismo o el Islam, que esos conceptos “Sagrados por ser Espirituales” cambian cada cien o doscientos años. Lo mismo nos encontramos con los conceptos de las ideologías modernas del siglo XVIII en adelante. Ya lo expresó con mucha claridad, María Antonieta, quien ya ante la irremediable muerte debía ser sincera, por ello exclamó concisa: “Oh Libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre”.

Cuando abandonemos esa mentalidad de adolescente que aún prima y perdura en las altas capas de la sociedad, pasaremos a conceptos de adulto como: Garantizar la seguridad a los ciudadanos, los mejores niveles de alimentación, que puedan desarrollar sus afectos con normalidad, que accedan en su mayoría de edad a las relaciones afectivo-sexuales y a la posible maternidad y paternidad, y que puedan aportar a la comunidad sus escritos, éxitos deportivos o culturales, o su nueva exposición de ideas políticas, o sus mejores conocimientos sobre algún tema que nos ayude a crecer a todos.

El paso que debemos dar es evaluar con criterios técnicos que la estabilidad de un grupo social reside en sus niveles de seguridad, alimentación, desarrollo de sus aspiraciones afectivas, sexuales y reproductivas, y que ese grupo social, respetando las reglas de convivencia, le permita desarrollarse intelectualmente y aportarlo a los demás.

Es curioso que todos los intelectuales prevean cuando comienza una revolución, y lo saben porque comprenden el hambre o las necesidades no satisfechas de la población, pero después parece que hay una imposibilidad de comprender que la organización moral y política es una cuestión técnica, depende del equilibrio social, de las relaciones entre el liderazgo, las élites, la jerarquía y los administrados. De los privilegios de unos y de las insatisfacciones de los otros. Que un grupo social siempre funciona cuando está cohesionado, y siempre sufre y puede llegar a disgregarse o desaparecer cuando se rompe esa cohesión social.

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